A principios de siglo XX, con el nacimiento del cine, fueron muchas voces las que anunciaron que el libro estaba condenado a desaparecer. Para la década de los veintes, el surgimiento del radio provocó que muchos vaticinaran que los periódicos serían substituidos. Y para la década de los cincuentas, la llegada de la televisión creó la idea de que los días de la cinematografía estaban contados. Lo cierto es que, terminado ya esa centuria, estos cuatro medios siguen no sólo muy vivos, sino que con bastante fuerza cada uno de ellos. Por eso, cuando se dice que la aparición de las nuevas tecnologías están condenando al cómic a muerte, no puede uno más que levantar la ceja con escepticismo. En esta ocasión, me gustaría analizar el futuro del cómic, y tratar de dilucidar si, realmente, las viñetas en soporte físico están dando sus últimas bocanadas.
El Universo Marvel y el real son básicamente muy parecidos, pero no idénticos. En este primero existe un Nueva York, en donde podemos encontrarnos con el mismo Central Park, excepto porque aquí la familia de un ex-marine fue asesinada por haber sido testigo de una ejecución de la mafia. También esta el mismo edificio Empire State, que se convirtió en una torre demoníaca cuando el Infierno logró abrir un paso para llegar a este plano de la existencia. Su Puente George Washington, donde una joven murió cuando un villano la hizo caer, a pesar de que uno de los héroes detuvo su caída antes de que llegara a tocar el agua.
Pues si, existen todos esos lugares, pero también hay otros que son exclusivos de este Universo, o que adquieren un peso y fisonomía totalmente diferente. Es por ello que me gustaría invitarlos a darse una vuelta por la ciudad con más superhéroes por centímetro cuadrado de todo el mundo, o cuando menos en Marvel.
Muchos comiqueros suelen pensar, cuando se habla del medio, en cualquiera de las dos vertientes más usuales: Ya sea en el subgénero de los superhéroes, o cualquiera de las líneas que conforman el manga. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos que no es lo único que hay en ese respecto, y que existe toda una vertiente sumamente rica, y que tiene bastantes cosas que ofrecerle al Comiquero que sabe donde buscar. Nos referimos obviamente al cómic europeo, una de las vetas más ricas tanto a nivel visual como creativo.
Si bien en estos años el cómic ha tenido su gran resurgimiento, y además se le ha comenzado a ver como una forma de arte y cultura como todas las demás, lo cierto es que tuvo su primer gran momento en las décadas de los treintas y los cuarentas, aunque en aquellos años se les veía aún de forma muy distinta. Pero mientras la historieta ganó un nuevo espacio, y evolucionó notoriamente, algunos otros géneros que tuvieron su gran momento quedaron en el olvido, a pesar de que llegaron a ser parte importante de la cultura popular. Estoy hablando de las ya legendarias fotonovelas.
Ya hemos visto en varias ocasiones anteriores, como el cómic se alimenta de muchísimas referencias culturales, y a su vez sirve de fuente para enriquecer a las mismas. En esta ocasión, me gustaría examinar un poco otros símbolos que, de acuerdo a su creador – o descubridor, dependiendo de cómo lo consideremos – forman parte de la mente humana prácticamente desde sus inicios. Estoy hablando de los llamados arquetipos jungianos, que son quizá uno de los fenómenos más interesantes en cuando a lo que podríamos llamar las modernas mitologías.
Cuando la gente piensa en algo que le da alegría y diversión, una de las primeras imágenes que llega a nuestra cabeza es la del payaso. Sin embargo, este ícono es uno de los más dicotómicos en el mundo, pues, una vez que lo analizamos con cuidado, puede ser uno de los más terroríficos que puede uno imaginar. Curiosamente, aunque se trata de un hecho bien documentado, son muy pocos los medios que lo han explotado narrativamente, siendo el cómic quien más partido le ha sacado. Pero antes de continuar con este tema, será mejor entrar al terrorífico mundo de las caras blancas y las narices redondas.
Aunque curiosamente suele uno pensar que el subgénero de superhéroes es el más abundante en el cómic, en realidad estamos equivocados. Es el de humor el que más se cultiva en todo el mundo, y que se presenta en una variedad tal de estilos, que puede ser disfrutado prácticamente por todos los sectores de una sociedad. Sin embargo, existe una subdivisión de este género que es prácticamente universal, y en la que el universo superheroico suele cruzarse en muchas ocasiones, que es la parodia.
Ya habíamos mencionado, en una ocasión anterior, como los ukiyo-e comenzaron abrevar del ch’giga, volviéndose materiales más comunes y usados en Japón, usualmente como decoraciones en las paredes. Siendo destinados a un mayor público – eran grabados a fin de cuentas – usualmente eran cuadros cómicos, figuras eróticas o incluso imágenes de ídolos de ese entonces.
A pesar de que es uno de los personajes icónicos de los comics, y el que, para efectos prácticos, inició el subgénero de los superhéroes, el Hombre de Acero tiene muchísimos detractores. Si bien las causas han sido muchísimas, la gran mayoría de ellas convergen hacia un solo punto: La escala de moral de Superman es extremadamente rígida, llegando hasta la inocencia. Este límite ha llegado a tal punto, que incluso dentro de su mismo Universo ha llegado a permear, motivo por el que muchos de sus compañeros dentro del círculo superheroico lo han bautizado como el boy scout azul, precisamente por esa postura. En esta ocasión, podemos tratar de dilucidar un poco la visión moral del Ultimo Hijo de Kriptón, o como sería más correcto llamarles, sus Superprincipios.
En un mundo como el Universo DC, donde oímos frases como sólo puede levantar 3 toneladas, el ser uno de los seres más poderosos no es sencillo. Sin embargo, Superman se ha mantenido como uno de los héroes más sorprendentes del mismo. A pesar de ello, no ha habido realmente mucha regularidad en los mismos, pues ha habido una gran cantidad de fluctuaciones en los mismos en sus setenta años de existencia. En esta ocasión, daremos una breve vuelta a la montaña rusa que han sido sus habilidades a lo largo de toda su carrera, y cómo esas habilidades pueden cambiar de miles de formas distintas, pero aún así mantener la esencia del Ultimo Hijo de Kriptón.
Para muchas personas, la filosofía es un concepto que prácticamente raya en lo sagrado, y que se debe de considerar separada de otros aspectos de la cotidianeidad. El llegar a sugerir que esta disciplina pudiera tener alguna liga con el cómic podrá llegar a sonar blasfemo para más de un humanista, aunque en realidad, basta sólo un pequeño análisis para darnos cuenta que las mismas se encuentran más relacionadas de lo que podríamos imaginar de primera instancia. Los invitamos a echar un vistazo a cómo uno de los conceptos más profundos del pensamiento humano ha adquirido carta de naturalización en las viñetas.
Una de las partes más interesantes de los mundos fantásticos, es que pueden ser tan simples o complejos como uno pudiera imaginarse. Tras de setenta años de contarse historias, la biografía de Superman no sólo se ha hecho más compleja, sino que los detalles alrededor de la misma también. Kriptón, que en un principio sólo era una mención al calce dentro de la historia del Hombre de Acero, se convirtió en un mundo con sus propias características físicas, historia, costumbres y cultura. Por otro lado, en todos esos años la astronomía ha avanzado bastante, por lo que la historia y características del mismo se han adaptado al grado que, aunque sigue siendo parte de un universo totalmente imaginario, tiene varios detalles que lo hacen plausible. En esta ocasión, veremos un poco de este planeta, desde una perspectiva realista, y que al mismo tiempo nos servirá para entender un poco al Hombre de Acero.
Prácticamente todo friki que se respete ha entrado a la discusión sobre cuales fueron los orígenes del cómic, y en que arte o forma de comunicación se basó. Sin embargo, son muy pocas las veces que nos detenemos a buscar las raíces del manga. Incluso los otakus suelen quedarse hasta Bambi y Osamu Tezuka, que si bien es realmente el origen del manga, en realidad tiene una influencia que viene desde años atrás. En esta ocasión, me gustaría invitarlos a los primeros momentos de este género, y desentrañar un poco sus orígenes,
Hablar de los orígenes de esta forma de arte es sumamente difícil, especialmente porque no existe un momento preciso en el que se pueda decir que la misma surgió. Sin embargo, existe un amplio caudal de arte en Oriente, que eventualmente sería el germen del que surgiría oda esta corriente. Por ello, nos podemos dar el lujo de movernos muy atrás en el tiempo, encontrando muchas raíces bastante interesante.
Los grandes puristas del análisis del discurso, sostienen con toda seguridad que todos los comics de superhéroes buscan comunicar la imagen imperialista alrededor del mundo, y que el rock pesado es un mensaje para atraer a los jóvenes a la adoración de Satanás. Lo que sí es cierto es que, si bien es cierto que podemos encontrar muchos mensajes ocultos en las diversas producciones humanas, si leemos entre líneas, en realidad son muy pocos – podríamos decir que una minoría – los que de forma consciente buscan utilizar a sus creaciones como una herramienta de imposición cultural. Lo que sí es cierto, es que cada autor vive en un determinado tipo de sociedad, y que es ésta misma la que le da su ideología, pautas y visiones de la vida. Ya sea para apoyarlo o criticarlo, pero el entorno en el que vive un autor se reflejará necesariamente en lo que hace.
Como alguna vez hizo mención Alejandro en otra columna, existe en toda la literatura fantástica – cómic incluido – una suspensión de la incredulidad, que permite que una gran cantidad de cosas imposibles ocurran con toda naturalidad, y que realmente nunca nos cuestionemos el porque se dan. Puede ser tan sencillo como el que una capa pueda ondear sin que impida la libre movilidad de un personaje, hasta que se puedan golpear las paredes de la realidad para alterarla un poco.
Sin embargo, todas esas libertades tienen como fin el permitir que la historia se desarrolle de forma fluida, y que el lector pueda realmente compenetrarse con la trama sin necesidad de cuestionarse demasiado. Pero en otros casos, encontramos algunos detalles que son usualmente mínimos, demasiado sutiles, o cuando menos hasta que reparamos en ellos, que en realidad no son resultado de esta flexibilidad, sino simplemente por errores o pereza de los creativos, o porque se han hecho así desde siempre, y nadie se había detenido a cuestionarlo. En esta ocasión nos sumergiremos un poco en esos pequeños detalles, y nos daremos a la tarea de intentar entenderlos.
jesus, en Hayao Miyazaki critica a Taro Aso por ser otakuMe entere que por la buena recepcion de esta pelicula se le dio luz verde a una serie de proyectos semejantes que e …
César, en Poster definitivo de The SpiritBueno a mi no me parece contradictorio Miyazaki se queja de la abundancia de material solo afocado al entretenimien …
Ver todos los comentariosJA JA JA JA JA !!!
no espera…
JA JA JA JA JA JA JA JA !!!
Buenisima interpretación del cartel, casi se me sa …
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