Cuando alguien habla de Bob Kane, siempre se refieren a él como el Padre de Batman, así como Will Eisner lo es de Spirit y Quino de Mafalda. A fin de cuentas, no es un símil tan errado, pues el acto de creación de un personaje es muy similar a la paternidad, y más cuando, como ha sido el caso de muchos de ellos, han tenido la oportunidad de verlos crecer y desarrollarse. Pero dado que está tan cerca el Día de las Madres, hoy me gustaría referirme a todos aquellos personajes que han surgido de la inventiva de una mujer, por lo que podríamos hablar de ellas como verdaderas mamás de cada uno de ellos.
Al parecer, uno de los grandes estigmas que el cómic aún no se ha logrado sacudir, es que se trata de un medio para niños, algo que muchos autores y creativos han tratado de acabar con esa creencia, buscando abordar temas más maduros y complicados. El problema es que, en ese intento, se han volcado al lado contrario, encontrándonos con que ya cada vez es más difícil encontrar material destinado a los infantes. Por ello, en esta ocasión me gustaría centrarme en un género que fue creado exclusivamente para esta edad, y que sigue manteniéndose dentro de su línea, que es el llamado sugar.
Una de las características que tiene tanto el cómic como el manga, es su tremendo individualismo: Es usualmente un solo individuo el que salva el día, quien acaba con todo un imperio o detiene una invasión. Incluso los trabajos en equipo son bastante particulares, pues son más bien acciones en la que cada uno de ellos ejecuta lo que sabe hacer, de modo que entre todos logran un fin común. A pesar de ello, en un universo en donde los nombres rimbombantes y los uniformes coloridos son la norma, existe aún lugar para los llamados personajes colectivos, que son los que le dan un tono de más realismo al medio.
Con la llegada de la computadora, los estudios cinematográficos se han visto beneficiados en más de un sentido: además de las increíbles ventajas que les ha representado para los efectos especiales, administración y comunicación entre las distintas partes de la producción, ha representado una ventaja en cuanto a la difusión de los nuevos proyectos: trailers, publicidad viral, páginas oficiales y carteleras actualizadas al segundo les garantizan que cualquier persona que esté interesada en ver la cinta tenga toda la información pertinente. El problema es que, junto con las ventajas, vinieron todas las desventajas, y la que quizá ha sido una de las más graves: el leak.
Los conceptos de héroe o villano son tan antiguos como el mismo arte de narrar, y son los que podríamos calificar como las bases de toda historia. Poco después, cuando la visión de la moralidad se hizo más compleja, aparecería el antihéroe, que si bien existe desde la antigüedad – de hecho, muchos de los personajes de las grandes tragedias griegas podrían llevar ese nombre – es sólo hasta un tiempo relativamente reciente que se les ha dado su lugar y un nombre propio. Sin embargo, existe una figura igual de antigua, que ha recibido una atención mínima en todo momento, y que incluso ha llegado a ser catalogado dentro de los grupos anteriores. Hablamos en este caso del antivillano. Y si están sorprendidos por ser la primera vez que escuchan el término, no se preocupen, para más de uno resultará nuevo, y es eso lo que hoy estoy tratando de remediar en esta ocasión.
Quizá uno de los grandes errores que tienen los aspirantes a comiqueros en todo el mundo, es que suelen ver sólo una parte de toda la ecuación, dejando otros aspectos descuidados. Todos ellos aprenden a dibujar, estudian perspectiva, anatomía, pulen toda la imagen visual del que va a ser su personaje y, al final, acaban volviéndose excelentes ilustradores, pero nunca llegan a ser historietistas, pues se olvidan que parte del oficio no sólo es hacer un buen dibujo, sino contar una historia con ellos. Por eso, me gustaría en esta ocasión centrarnos en la parte olvidada de este arte, que es el aprender a narrar.
Ya en una ocasión anterior, pude hablar un poco de los puristas, y de cómo algunos de ellos pueden llegar a extremos increíbles en cuanto a la defensa de lo que ellos creen que es válido. En esta ocasión, me voy a abocar a un punto que, entre los otakus, puede generar discusiones más encarnizadas que las 97 Tesis de Lutero. La pregunta es tremendamente sencilla, y para muchos, muy obvia, pero lo interesante es que nadie está de acuerdo en la respuesta. Me refiero a la espinosa cuestión de ¿Existe realmente el manga fuera de Japón?
Para los que vieron en cine Casino Royale, seguramente recordarán que una de las escenas más memorable de la cinta no se dio en la pantalla, sino detrás de ella. Cuando Bond llega por primera vez al bar, y pide un Long Mountain Gay con soda, fue notorio como más de una persona en la sala se contuvo de ponerse de pie, alzar el puño, gritar o expresar su furia de cualquier otra forma. No es necesario ser psíquico para adivinar que, dentro de sus gargantas, pugnaba por salir un vodka martini, agitado, no batido… Sirva este episodio como introducción al fascinante mundo de los puristas, esa especie que podemos encontrar prácticamente en todos los grupos humanos sin excepción, y que obviamente en el mundo friki parece ser un estilo de vida.
El cómic, el manga y la animación parecen ser espacios muy propios de los frikis, y uno podría pensar que los elementos relacionados con todos estos entretenimientos, los chistes locales y el citar a tal o cual línea de alguno de ellos, es exclusivo de este cerrado círculo. Pues esto es totalmente falos: a lo largo de los años, han sido muchas las aportaciones que el medio le ha dado al lenguaje diario, y que son expresiones que todo mundo utiliza – o utilizaba – sin importar sus aficiones. Claro está, el lenguaje es dinámico, y muchas de las que en su momento estuvieron en boca de todos ahora han caido en desuso, pero que de todos modos no estará de más recordar.
Dice el dicho que al que Dios lo quiere bien, la perra le pare lechones, y cuando menos en el cómic parece ser cierto: Mientras a unos personajes prácticamente todo lo que hacen les resulta perfecto, existen otros a los que parece que nada les sale bien. En esta ocasión, vamos a hablar un poco de cómo la suerte no es siempre muy equitativa dentro del Universo Comiquero. Presentando una pequeña lista que nos guiará de los más afortunados a los juguetes de la Fortuna.
Prácticamente desde el origen de los deportes espectáculo, se descubrió que lo que realmente atrae al público no era sólo una figura, sino una buena confrontación. Si su equipo, deportista o combatiente era bueno, era necesario que lo demostrara. Por ello, prácticamente desde los tiempos de la Antigua Roma se dieron cuenta de que si se enfrentaban dos estrellas, la atención era mucho mayor que cuando sólo se tenía uno. En los deportes organizados, estos encuentros se llaman clásicos, peleas de campeonato, lucha estelar y cientos de diferentes denominaciones. Dentro del cómic, por otro lado, los enfrentamientos eran también comunes, pero el problema es que, después de un cierto tiempo, los héroes se habían ya enfrentado a sus principales enemigos una y otra vez. Por ello, para poder generar un concepto parecido al de los encuentros deportivos, aparecería un esquema totalmente novedoso, que en la actualidad forma ya parte inseparable de la vida comiquera, y que es el cross-over.
Pues bien, ya en una ocasión, Alejandro habló de la gran cantidad de imposibilidades que nos encontramos en los comics cuando se aplica la ciencia real, mientras que en la pasada columna, abordamos la posibilidad de los mechas, y su total impracticidad como máquinas de guerra. Pero debido a la respuesta tan buena que tuvo el texto anterior, me gustaría profundizar en los diversos inventos que han alcanzado a la fantasía, pero que no resultaron ser lo que sus creadores habían imaginado.
Una de las cosas más sorprendentes en el mundo de los comics y el manga, es la cantidad de ocasiones en que la realidad alcanza a la fantasía, y del como lo que antes eran discusiones propias de frikies, de pronto se tornan asuntos de primer nivel. Claro está, no podemos considerarlo exclusivo de este medio, sino que en realidad, toda la ciencia ficción ha pasado en algún momento por este fenómeno, como Jules Verne tuvo a bien demostrarnos.
En base a una serie de reglas básicas de ingeniería, para que un adelanto científico llegue a convertirse en algo de uso común, debe de pasar por los siguientes estadios: Ser posible, factible, realizable, práctico y rentable. Y curiosamente, uno de los grandes clichés del manga, los mechas, cumplen ya cuatro de estos elementos: Un mecha es básicamente mecánica, hidráulica y electrónica, lo cual no sólo es posible dentro de las leyes físicas, sino que hay principios que guían esos mecanismos e incluso existen en la realidad. Y comparados con otros materiales de guerra como tanques y vehículos blindados, serían sólo un poco más caros. Entonces ¿Por qué no hemos visto aún el primer mecha en alguno de los tantos conflictos en el mundo? Porque desafortunadamente, falló en el penúltimo de los puntos: la practicidad.
Uno de los viejos clichés tradicionales para cualquier edad, así se tengan 15 o 90 años, es el pensar que las cosas fueron mejores en nuestra infancia, adolescencia, madurez o el momento que quieran nombrar. Lo cierto es que, de una u otra forma, cada época esta moldeada de una u otra forma, reflejando la manera de pensar, de sentir la vida y la sociedad, y obviamente, eso se reflejaba en la visión de todos lo medios, llámense periódicos, animación o de otro tipo. En esta ocasión, nos lanzaremos a ver un poco los esquemas morales de cada época, y como pueden ser aceptables o no de acuerdo a algún determinado momento.
Uno tiende a pensar que, generalmente, los grandes personajes, y los más exitosos, son resultado de horas de estudio, pruebas de diseño y una profunda investigación por parte de los autores. Eso es cierto, en parte, pues si bien este proceso se ha presentado en multitud de ocasiones, hay casos en que han surgido accidentalmente, como golpes de inspiración, personajes de relleno, recursos narrativos o caprichos del autor. En esta ocasión, los invito a conocer los éxitos que han sido frutos de la simple casualidad.
Alicia, en Somos como alguien que tú conocespara mi la lista va asi tomando en cuenta historia, animacion,dibujo y sobre todo capturar al espectador en el desa …
evelin, en Hello Kitty... un personaje sin historiaHola!! Quisiera saber si alguien sabe donde puedo conseguir los libritos de “Los Señordones"… Tenia varios de ello …
Ver todos los comentariospss no se pero yo fanatica de la
kitty y ya me empezo a dar miedo por que tango komo 4 monitas de la kitty uuhh! …
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