Aunque curiosamente suele uno pensar que el subgénero de superhéroes es el más abundante en el cómic, en realidad estamos equivocados. Es el de humor el que más se cultiva en todo el mundo, y que se presenta en una variedad tal de estilos, que puede ser disfrutado prácticamente por todos los sectores de una sociedad. Sin embargo, existe una subdivisión de este género que es prácticamente universal, y en la que el universo superheroico suele cruzarse en muchas ocasiones, que es la parodia.
Desde el primer momento que la historieta comenzó a ocuparse de temas “serios”, este género comenzó a surgir. Sin embargo, la historieta paródica no se alimentaba únicamente de este lenguaje: libros clásicos, situaciones cotidianas o actualidades políticas. Sin embargo, por sus mismas características, solían ser hojas sueltas o publicaciones clandestinas. Tuvo que llegar la década de los cincuentas para que se pudiera abrir paso entre los medios “respetables”. A finales del siglo XIX y principios del XX, la parodia era uno de los recursos más explotados, aunque en este caso más orientados a la cuestión política. Punch y De Muskete solían valerse mucho de este tipo de material para hacer críticas ácidas y directas a la sociedad de aquellos años.
Para América Latina en general, y México en particular, la historieta humorística es muy importante, pues la gran mayoría de los maestros creadores de estos países resaltaron dentro de esta categoría, y en donde la parodia social era un elemento simplemente infaltable. De hecho, la historieta mexicana nace dentro de la vena sarcástica, dentro de las decenas de publicaciones que circulaban en el siglo pasado. El primer trabajo de esta naturaleza se publica en 1872, en el periódico México y sus Costumbres, donde el grabador José María Villasana utiliza la primera tira cómica con trama, diálogos y dibujos, todo un iniciador.
Sin embargo, aunque la parodia social y política era sumamente utilizada, existía la misma en su forma pura, que se dedicaba a ridiculizar obras conocidas, ya sea del teatro, la literatura o, cuando éste comenzó a surgir, del cine. Curiosamente, en aquel entonces la parodia de comics era casi inexistente, pues dado que se trataba básicamente de un género humorístico, es especialmente difícil hacer mofa de lo que de por sí busca ser hilarante. Difícil, pero no imposible.
En 1952, el publicista William Gaines y el editor Harvey Kurtzman, ambos de EC Comics, crearían la revista MAD, la primera especializada únicamente en parodias. De ser sólo un título de relleno para la editorial, se fue tornando más y más importante, hasta volverse la columna vertebral de la misma. Obviamente, aquí pesó mucho el Comic Code, pues cuando esta editorial se vio obligada a hacer desaparecer muchos de sus títulos más fuertes, se tuvo que apoyar de lo que tenía, aunque esto no le resta ningún mérito a esta publicación, sino más bien al contrario.
Por esos mismos años, un grupo de universitarios hacía una revista satírica para varios campus, que se llamaba National Lampoon, que se hacía por los mismos estudiantes y que se distribuía de manera casi simbólica. Sin embargo, cuando un grupo de ellos se hubo graduado, decidió que el proyecto debería de continuar, por lo que se lanzó a convertirla en una revista de mayor alcance. Distribuida inicialmente en universidades, National Lampoon alcanzó un nivel que ni siquiera sus creadores imaginaban. Actualmente, National Lampoon maneja cine, discos, revistas y todo tipo de producciones mediáticas, pero siempre orientado a la cuestión de la farsa y la parodia.
Occidente no fue el único en explotar la parodia, sino que el manga tuvo también una gran importancia en Japón. Los inicios de la parodia se remontan al teatro Kyogen, intermedios humorísticos entre los actos del teatro Noh, que es solemne y refinado, al contrario, el Kyogen consiste en una fina sátira y burla a las costumbres y los caracteres en la que los gestos y las actitudes son determinantes, ya que el Kyogen puede hacer reír incluso a los que no entienden el idioma japonés. Sin embargo, es más raro encontrar una obra japonesa estrictamente paródica, aunque existe más de una. En este género, lo que se suele explotar es el insertar ciertos clichés dentro de una obra, en donde se hace mofa de determinadas circunstancias. Entre las series más orientadas a la parodia se encuentra Pani Poni, que suele referenciar cualquier tema que esté de moda, haciendo mofa del mismo. Otro bastante interesante es Slayers, que si bien es un anime de acción, está plagado de todo tipo de referencias.
Actualmente, la parodia se encuentra muy difundida, pues prácticamente todos los géneros de la historieta han sido parodiados. Dentro de esta línea, tenemos también excelentes ejemplos de parodias de policíacas, terror o incluso románticas. Entre estos, sin embargo, resalta curiosamente el subgénero de superhéroes, que al estar tan lleno de clichés, se presta en especial para ello. Existen trabajos excelentes como Mystery Men, de Bob Burden, que es una serie centrada en la retórica de este tipo de cómic, pero con protagonistas llenos de debilidades humanas. En el otro extremo está El Hombre Radioactivo, de Matt Groenning, en donde se elevan las características fantásticas a niveles absurdos, lo que las hace hilarante en su surrealismo.
Pero quizá lo que llama más la atención es la capacidad que tiene este subgénero en particular de reírse de sí mismo. En 1967, por ejemplo, Marvel Comics lanzaría el título Not Brand Echh, en donde hacía mofa de sus propios personajes. De ahí surgiría la revista What’s The…!, en donde el blanco de las burlas era todo el universo superheroico, las más de las veces sin distinción de empresas.
DC no fue tan amante de este tipo de parodias, pero se dio el lujo de explorarla dentro de su título Captain Carrot and his Amazing Crew, en donde utiliza la línea de animales antropomórficos para acentuar el efecto cómico. De esta misma línea se formaría después Justta Lot of Animals, que se trató de una parodia directa de la Liga de la Justicia.
Es imposible tocar este tema sin hacer referencia a dos publicaciones que fueron verdaderas joyas en ese sentido: Aragonés Destroys DC y Aragonés Masacres Marvel, en donde aborda a los pilares de cada una de estas empresas, burlándose de los estilos narrativos que han explotado, y demostrando de paso un conocimiento muy profundo del medio. El guión de estos dos especiales corrió a cargo de Mark Evanier, que se encargó de darle toda la carga de humor que lo caracterizó.
Pero así como la historieta paródica se ha alimentado de otros medios, la historieta a su vez se ha convertido en víctima. Un gran número de películas, series de televisión y otros medios han realizado sátiras de historietas, lo cual demuestra que todos los medios tienden a retroalimentarse a sí mismos con más frecuencia de lo que imaginamos. Un ejemplo claro: George de la Selva, serie animada que surge a partir de uno de los clásicos de la historieta: Tarzán. Y como éste, hay muchos más, que no podríamos mencionar aquí.
Como salta a la vista, la parodia es un género sumamente rico y lleno de tradición, y que a pesar de lo que uno pudiera imaginar, tiene su dificultad. Y quizá lo más curioso de todo es que, en muchas ocasiones, una parodia es una de las formas más sinceras de admiración… Aunque también es uno de los instrumentos más ácidos con los que puede contar un historietista.
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Commenting is not available in this section entry.Gustavo Benumea, en Sigue apareciéndose la Caseta Fantasmahace unos meses vi una película animada con esa trama. era realmente buena y me gusto mucho pero no le cogí el no …
luis, en Nuevas fotos de Kick-AssHola Maggie, me gustaria que tal vez intentaras descargar la pelicula de las ligas que se colocaron en la pagina y …
Ver todos los comentariosno mansex muy bnas imagenes de verdad amigo
Comiquero en la Comic-Con 2008
Comiquero en la Comic-Con 2007
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