Comiquero

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El Antihéroe

Friday, February 29 2008 Por: Alejandro

Hola, bienvenidos de nuevo. La semana pasada hablamos un poco de la carrera de Steve Gerber, un gran autor comiquero que, por desgracia, se nos fue recientemente. Este viernes, quisiera hablar un poco acerca de una figura de las historietas que ha ganado gran auge en los últimos veinte años, una figura que ha levantado polémica y en cierto modo ha caracterizado al cómic contemporáneo. Les hablo del antihéroe comiquero.

En entregas pasadas de esta columna, les hablé un poco acerca del heroísmo en las historietas, y en Mundo Friki, Héctor le ha dedicado tiempo al tema de los villanos. En mi anterior aportación, les señalé que los superhéroes modernos no son realmente héroes en el sentido más preciso, sino más bien modelos de conducta y ejemplos a seguir. En su mundo de páneles y viñetas, la moralidad es más simple que en nuestro mundo, y los héroes enmascarados que salvaguardan dicha moralidad son un resultado natural de esos mundos donde el universo en general tiende al orden y al bien, y donde la maldad y el caos son vistos como anomalías, como cosas que atentan contra el orden cósmico mismo. En contraste, los villanos -las anomalías cósmicas antes mencionadas- deben enfrentar el hecho de que la realidad misma está en su contra, y a pesar de que esto se les demuestra a cada momento (o sea, cada vez que su plan infalible de algún modo es frustrado por un metiche enmascarado) ellos insisten en ir a contracorriente, resistiéndose a formar parte de un status quo que, se supone, es La Forma En Que Las Cosas Deben Ser. Al principio, tanto los héroes como los villanos del cómic eran fácilmente identificables, se contrarrestaban entre sí y se definían mutuamente.

Sin embargo, hoy en día esa línea entre héroe y villano cada día se vuelve más borrosa, y cada día alude a menos personajes. Claro, las franquicias e íconos del cómic más reconocibles deben mantenerse relativamente “limpios” para poder seguir siendo efigies aceptables como modelos de conducta para los consumidores principales de historietas, también llamados “niños”. Sin embargo, muchos se han hecho de fama y reconocimiento desafiando y jugando precisamente con esos lineamientos morales que -se supone que- definen a esos héroes tan populares. Es esa “fiebre del oro” la causante de la proliferación de personajes que no se deciden por la virtud o por el vicio.

Uno de los ejemplos más tempranos de este tipo de personaje es Namor el Submarinero. Él podría amenazar Nueva York una semana, para luego salvarla de una catástrofe la semana entrante. Él ha sido enemigo y aliado de prácticamente todo personaje importante de Marvel Comics, y aunque generalmente se tiende a considerarlo como un héroe, es indudable que muchas de sus acciones distan de ser heróicas. Cuando comenzó su ascenso a la popularidad y cuando se le confirió su propio título, Namor comenzó a mostrar un comportamiento un poco más heróico y convencional, pero el conflicto del Rey Atlante con los valores tradicionales de nosotros los humanos es tan arraigado a su personalidad que no se le puede tener “del lado de los buenos” por mucho tiempo. Namor no repudia el orden ni el bien, pero tampoco les debe reverencia alguna. Él tiene su propia brújula moral. Eso es lo que lo define, y es lo que lo diferencia de tantos otros héroes voladores.

Rogue, Hawkeye, Medusa, Hulk… muchos otros colegas de Namor comenzarían su carrera como villanos para luego volverse héroes, sin perder algo de ese aire de “chico(a) malo(a)” pero también dejando en claro que, a fin de cuentas, ellos creían en un universo ordenado donde el que la hace, la paga. No pasó mucho tiempo antes de ese estilo del “héroe rudo” se hiciera popular entre todos los héroes disfrazados, de Marvel o de otras editoriales también, y lentamente reemplazara el arquetipo del héroe perfecto de barbilla cuadrada. Sólo que, por muy rudos que fueran -o parecieran- aún estamos hablando de héroes comiqueros.

A pesar de su estigma de ser un animal asesino sin remordimientos, Wolverine ha demostrado ser bastante paternal, honorable, sincero y valiente (a veces, hasta romántico). En sus inicios, Punisher usaba balas de goma, y en casi todas sus encarnaciones, él sólo asesina a quien viola esa santidad cósmica del bien y de la ley que juró proteger desde aquella noche en la que murió su familia. Bastó con que el Deslizador de Plata, heraldo del Devorador de Mundos, conociera el arte de los terrícolas para determinar que, pensándolo bien, no era correcto ayudar a Galactus a realizar lo que debe ser el primer caso conocido de genocidios en serie. Estos son sólo unos ejemplos de la vieja moralidad de los superhéroes tradicionales, disfrazada con algo de violencia, cerveza, cigarrillos y un poco de lenguaje soez.

Pero los antihéroes realmente no son así. Los antihéroes no instrumentos despachadores de moralejas.

Un antihéroe es una persona compleja que vive en un mundo complejo. El mundo del antihéroe no tiende ni al caos ni al orden, y el bien o el mal se imponen gracias a las acciones de la gente, no gracias a una superioridad predestinada en el universo. En el mundo del antihéroe todo se vale. A falta de guías morales absolutas, el antihéroe se fabrica sus propias reglas, y hasta puede romperlas cuando le conviene. La incertidumbre y la ambigüedad moral son sus características más representativas, y a diferencia del héroe, el antihéroe -el antihéroe genuino- no provoca simpatía automática en el lector.

El ascenso a la popularidad del antihéroe es señal de que vivimos en una época en la que la gente cuestiona bastante el concepto del héroe clásico. Hasta los niños pequeños hallan incómodo el creer en un héroe que siempre hace lo correcto. Y es que ¿Qué es lo correcto? Ya no existe una sola respuesta a esa pregunta. Consideremos la magna obra Alan Moore: Watchmen. En un cómic tradicional, jamás se hubiera planteado una disyuntiva tan tremenda como la que enfrentaron los Minutemen al final de la historia. Cualquiera que hubiera sido su reacción ante las acciones de Adrian Veidt hubiera estado errada y correcta en partes iguales. ¿Ser cómplice mudo de un genocidio a sangre fría? ¿Propiciar una guerra nuclear? Ninguna hubiera sido buena opción. Al final, vimos que los héroes no estaban mejor capacitados que nosotros para tomar decisiones importantes que afectan a terceros. Al final, vimos que en realidad no existen los héroes. Al menos, no en el sentido comiquero.

Hay muchos personajes que aparentan haber emulado a los antihéroes de historias como Watchmen, Transmetropolitan, Hitman, etc. pero el parecido es sólo superficial. En el fondo, estos héroes desaliñados terminan siendo igual a sus coloridos antecesores. Para cerciorarse de si estamos hablando de un antihéroe o no, yo propongo un ejercicio simple.

Busquen al más humano de los personajes en cuestión. Ése, con toda seguridad, será el antihéroe.

Hasta la próxima. 

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freakzion, en Confirmado: Gearhead al cine

gracias nelly!!!!

Nelly, en Confirmado: Gearhead al cine

Buenas noticias: puedes leer Gearhead #1 gratis. ¡Espero que te guste!

freakzion, en Confirmado: Gearhead al cine

no lei el comic porque no lo encuentro para descargar,pero la historia parece buena.que bueno que hagan una peli

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