Hola, les agradezco mucho su presencia en éste, su espacio. Si es su primera visita, espero que sea de su agrado, y si ya antes han engalanado este espacio con su presencia, espero que su amable atención se vea recompensada con el tema de hoy. Recapitulando un poco, la columna anterior hablé sobre ese curioso estigma de vulgaridad que ha acompañado a los comics desde sus primeros años, e hice el intento de sugerir que quizá, sólo quizá, haya una razón por la cual los comics que efectivamente podrían merecer ese calificativo han perdurado y se han multiplicado mientras que los comics “serios” agonizan. Hoy, propongo que discutamos otra clase de cómic: el cómic para todas las edades.
¿No sería maravilloso tener un título que cualquiera pudiera disfrutar?
Sería un cómic que gustara a los niños, los jóvenes y los adultos de ambos sexos por igual. Un cómic que pudiera tenerlo todo: Astucia, simplicidad, diversión, polisemia, buen dibujo… en fin, todo. Un cómic “limpio”, pero no simplón; un cómic “familiar”. Sería un cómic que trascendiera los límites autoimpuestos de los géneros comiqueros, que, hasta ahora, han dictaminado qué tipo de historias son para los adultos y cuáles son para los pequeños. Un título así podría revolucionar la industria comiquera tal como la conocemos.
Qué lástima que no sea posible realizar semejante historieta.
Estoy seguro que, en este momento, muchos de ustedes sacuden la cabeza en desacuerdo, pensando que dicho cómic ya existe desde hace mucho, y probablemente hasta preparen mentalmente una lista de títulos que cuentan con todas las cualidades que he descrito: Pogo, Mafalda, Asterix, Tintin, Peanuts, etc. Y es cierto, estos títulos –y probablemente también otros más que no he mencionado aún- son ingeniosos, de planteamiento ameno y divertido, con un contenido inteligente, profundo, y, desde luego, seguro para cualquier miembro de la familia. Por desgracia, también estoy seguro que los títulos que mencioné –y también los que no he mencionado- no están dirigidos a toda la familia.
La noción de un cómic “para todas las edades” asume que dicho cómic podrá captar la atención de un padre de familia de 39 años, una joven de 22, un muchacho de 13 y una niña de 7, de igual manera. No necesito decir que éste es un escenario muy poco realista. Pogo fue un éxito gracias a sus grandes dosis de sátira política y social, algo que los lectores más jóvenes difícilmente podrían apreciar. Lo mismo podría decirse de Mafalda y de Peanuts, ambos buenos ejemplos de un comic para adultos. Estoy de acuerdo en que no podría haber algo más inocuo que ver a Mafalda comentar las noticias que oye en su radio de transistores, o que ver a Linus recordarle a Charlie Brown una cita de la Biblia, pero tampoco podría haber mejor ejemplo de algo que necesita de una perspectiva adulta para poder disfrutarse. Asterix y Tintin también requieren de un nivel medio de conocimiento de historia universal y cultura general para poder disfrutarse (no tolerarse, disfrutarse) completamente, porque ambas obras son, a fin de cuentas, comentarios acerca del mundo que les tocó vivir mientras eran publicadas, y por lo tanto, no muy relevantes a los ojos de los lectores más pequeños. Todas las obras antes mencionadas cuentan con películas animadas dirigidas a una audiencia infantil, y por lo tanto, son muy diferentes a los comics en los cuales están basadas. Volvemos entonces al principio, al viejo concepto de asignarle determinados tipos de historia a cada generación de lectores y con eso nos alejamos de la idea del cómic “familiar”.
Por supuesto que hay muchas historietas que, orgullosas, se presentan a los lectores como títulos “para toda la familia”, pero a final de cuentas, eso termina siendo una falacia. Las historietas que así se autonombran no están escritas teniendo en cuenta el gusto de los niños; están escritas para complacer a los padres de familia (lo cual explica en parte el porqué de su poco éxito comercial). Aquellas historietas “familiares” presentan personajes ejemplares –modelos de conducta, todos ellos- que viven aventuras inocentes en mundos completamente asépticos y esterilizados, felices y sencillos. Son lecturas aprobadas por mamá y papá (quien se esté preguntando “¿Y qué hay de malo en eso?” ya es padre sin lugar a dudas). Desde luego que no es malo querer darle lecturas sanas y edificantes a nuestros hijos, pero “sano y edificante” no quiere decir “soso y adoctrinante”. Los niños, como cualquier otro lector, no son muy afectos a las moralejas y a los sermones.
Esto no quiere decir que un padre de familia puede tomar cualquier cómic al azar para dárselo a su hijo tranquilamente. Personalmente, yo no le daría un ejemplar de Lost Girls, de Preacher o de Black Kiss a un niño de 10 años. Claro, el nivel de sexo y violencia que puede hallarse en esas historias no es apto para un lector tan joven, pero más allá del asunto de la censura, podemos ver que, en ésas tres historias, las referencias culturales, el ritmo narrativo y los personajes están pensados para apelar al gusto de un público adulto. Un niño de 10 años no va a reconocer quiénes son Wendy, Dorothy y Alicia (al menos, no como están presentadas en Lost Girls) y por lo tanto no va a entender muy bien de qué se trata la historia. Un niño de 10 años va a aburrirse completamente cuando descubra que, por cada ilustración de Tulip haciendo el amor con Jesse Custer (o de Jesse repartiendo golpes y balazos a destajo) hay 12 páginas donde sólo vemos a un par de personajes hablando largo y tendido (una particularidad de los títulos de Vertigo que a algunos nos agrada y que a otros los pone a dormir). La narrativa noir de Black Kiss también podría tener el mismo efecto soporífero en nuestro niño de 10 años, aún teniendo en cuenta el gran número de imágenes eróticas y escandalizantes contenidas en esa historia. Más allá de pervertir a un menor, un cómic para adultos lo aburriría (aunque admito que también lo pervertiría un poco, dependiendo del cómic en cuestión).
Y a eso se reduce todo: Contenido, receptor designado, y al proceso más adecuado de cómo hacerle llegar dicho contenido a dicho receptor.
Existen comics que atesoramos a lo largo de nuestras vidas, personajes que nos hicieron compañía de niños y a quienes siempre podemos volvernos cuando deseamos remontarnos a tiempos más simples, pero dejando un poco de lado la nostalgia, hay que reconocer que no es lo mismo leer Garfield o MAD por primera vez cuando tenemos 11 años que releerlos cuando tenemos 30. Nuestros ojos ya no son los mismos, nuestros cerebros tampoco, y probablemente las manos que dibujaron esas líneas y escribieron esos diálogos también han cambiado con los años. El tener historietas que nos acompañan a lo largo de nuestro proceso de maduración (un concepto muy bien explotado en Japón) nos indica la relevancia del medio historietístico, y su versatilidad como un medio de entretenimiento que -ahora sí- es válido para todas las edades. Hasta la próxima.
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Jesus, en Twilight arrasa en taquillastenian razon los que decian que FM iba a hacer “sin city 1.5” y no “the spirit”.
jesus, en Hayao Miyazaki critica a Taro Aso por ser otakuMe entere que por la buena recepcion de esta pelicula se le dio luz verde a una serie de proyectos semejantes que e …
Ver todos los comentariosBueno a mi no me parece contradictorio Miyazaki se queja de la abundancia de material solo afocado al entretenimien …
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