Comiquero

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Entre etiquetas te veas: El cómic mainstream vs. el cómic alternativo

Viernes, Abril 11 2008 Por: Alejandro

Hola, qué tal. Una vez más, les doy la bienvenida a este espacio de reflexión y charla comiquera. La semana pasada hablamos sobre el doble estándar que existe en el mundo de los superhéroes: mientras que la capa, el antifaz y el emblema en el pecho son un símbolo de poder y majestuosidad cuando son usados por un personaje masculino, pero son sólo un atuendo sexy cuando los usa un personaje femenino. Hoy, quiero hablarles un poco sobre el cómic mainstream y el cómic independiente. ¿Realmente son los opuestos ideológicos que generalmente creemos que son?

Ninguna otra civilización del pasado ha tenido tantas personas dedicadas al entretenimiento como las que existen en nuestra civilización moderna. Nunca antes se habían juntado tantos artistas, escritores, cantantes, actores, etc., compitiendo por la atención de un público cada vez más ávido de nuevas y más vistosas novedades. Y dado que el número de artistas sigue multiplicándose geométricamente (o así parece, al menos), la lucha por ofrecerle al público algo fresco y diferente también sigue intensificándose a pasos agigantados. Es por eso que algunas personas creen que no hay nada nuevo bajo el sol: Porque las verdaderas innovaciones cada vez tardan más en aparecer, tanto, que la gente comienza a dudar que existan siquiera. El resultado de esto es un medio del espectáculo donde hay muchas versiones de una misma cosa y, regados por ahí, pequeños brotes de talento, originalidad y frescura ocultos en mitad de un universo de propuestas artísticas.

Así que no es raro que quienes leemos comics pensemos que la misma lógica se aplica en la industria historietística: Lo que se produce en serie y lo que se promociona en grande vendría siendo ese mar de propuestas grises y repetitivas que acabo de mencionar, mientras que quienes sobreviven al margen de la industria se ven forzados a desarrollar talento y, siguiendo este razonamiento, serían quienes proveerían los pequeños brotes de talento y originalidad. Sin embargo, las cosas, para bien o para mal, no funcionan de manera tan simple.

Veamos si ésta teoría concuerda con la práctica: ¿Qué es lo que se produce principalmente en la industria norteamericana del cómic? Superhéroes (un tema que ya hemos tocado en ocasiones anteriores). Siguiendo entonces este razonamiento que dice que el mainstream es artísticamente inferior (a causa del gran número de individuos tratando de ser competitivos en un medio totalmente motivado por las ganancias) hablaríamos entonces de todo un género de superhéroes que no ha aportado nada de valor artístico a los anales del Noveno Arte. De ser cierto, este razonamiento también significaría que todos los comics independientes son una obra de arte. Y, como bien sabemos, ambas conclusiones son falsas. No todo lo que ha sido publicado por las editoriales principales ha sido basura, y no todo cómic publicado por una editorial pequeña merece alabanzas y aplausos.

Una de mis primeras entregas de Mientras Tanto… trataba precisamente acerca de nuestro deber de apoyar a la industria comiquera independiente, basándome en el argumento de que las verdaderas muestras de vanguardia comiquera han salido de publicaciones independientes. Y es verdad, hay comics independientes como American Splendor, The Flaming Carrot, el muy controversial Cerebus, Love and Rockets, Grendel (y otros más que quedaron sin ser mencionados) cuya aparición ha marcado un antes y un después en la historia de las historietas. Pero también es cierto que no todo cómic independiente ha tenido el mismo impacto, y por cada American Splendor o por cada Love and Rockets que ha salido a la venta, hemos visto la aparición de docenas de títulos imitadores o de muy dudosa calidad en su lugar. Otra cosa que también me gustaría señalar es que muchos de los títulos que hoy son sinónimo de cómic “adulto” y propositivo (Sandman, 100 Bullets y Preacher, por mencionar solamente algunos) son publicados nada menos que por DC Comics, la empresa más mainstream que puede haber, a través de su excelente sello de Vértigo. En esta entrega, quiero reiterar algo que dije la primera vez que toqué este tema: Cuando hablo de que hay que apoyar al cómic independiente, me refiero al cómic temáticamente independiente, sin importar quién lo publique.

De hecho, esta propuesta de no dejarse llevar por la ideología de la que hablaba al principio, la cual nos presenta un campo de batalla con el mainstream comiquero en un bando y el comic alternativo en el otro, podría ser el meollo del tema en ésta ocasión. Pensar en la industria comiquera como si fuera la estereotípica cafetería de secundaria estadounidense que tantas veces hemos visto en películas, series de TV y comics es divertido (¿Dónde creen que se sentaría Joe Quesada a la hora del almuerzo?) pero es erróneo. Es cierto que el superhéroe domina el mercado por el momento, pero en realidad el género de superhéroes no es uno sino muchos géneros amalgamados bajo un mismo nombre: Batman, la Pregunta y Spirit podrían representar al género noir; El Hombre de Hierro, Quasar, y los Micronautas podrían representar a la ciencia ficción; el Doctor Extraño, Swamp Thing y Hellboy podrían pertenecer al género del thriller sobrenatural; etc. Es por esto que un cómic de superhéroes puede ser un ejercicio brutal de estulticia (los ejemplos son muchos, por desgracia), o puede ser algo como Astro City, los Invisibles o la aclamada película de los Increíbles. Pese a que las convenciones del género a veces pueden restringir a los autores, y pese a que las presiones de crear una franquicia redituable a veces se imponen a la creatividad, esto no quiere decir que no se puedan contar buenas historias de superhéroes. Hay que analizar los títulos caso por caso, porque nunca se sabe de dónde va a salir el próximo brote de originalidad.

Un comiquero veterano sabe distinguir entre un cómic que se promociona como algo fresco e innovador, y uno que de hecho lo es, pese a lo que diga la propaganda o la prensa especializada. Ojo con las etiquetas.

Hasta la próxima.

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Comentarios:

César 2008 04 12

Totalmente de acuerdo, y creo que el ejemplo más claro de esto es Watchmen, que si bien en la superficie es un relato de superheroes, el transfondo es más profundo.

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