Hola, bienvenidos a una entrega más de Mientras Tanto… La semana pasada hablamos un poco de la figura del antihéroe, y de cómo éste no figura en los comics tanto como podríamos haber pensado (hablamos del verdadero antihéroe, no del superhéroe desaliñado y cascarrabias). Esta vez, quisiera hablar con ustedes de un tema que, como la mayoría de los que toco aquí, podría pecar de obvio a primera vista, pero que merece una reflexión más a fondo: Hablo de la guerra de franquicias comiqueras que ha envuelto a la industria de la historieta occidental.
Vivimos en una era de empresas multinacionales que expanden sus dominios cada vez más y se disputan territorios cada vez más grandes y variados: países, continentes, gajos completos del mundo civilizado. Vivimos la guerra más feroz que se ha librado en éste mundo, y ésta es una lucha que no involucra armas (bueno, a veces sí) sino más bien involucra adquisiciones hostiles, campañas publicitarias espectaculares y el desarrollo de nuevos productos para consumo masivo. Es una lucha sin cuartel por el control de nuestras billeteras. Y nosotros, querámoslo o no, somos soldados en esta guerra.
Cada vez que decidimos entre una marca o la otra a la hora de hacer una compra –sopa, detergente, autos, ropa, etc.- nos alineamos a un bando determinado en esta gran guerra macroeconómica. Mac vs. PC. Pepsi vs. Coca-Cola. Nike vs. Adidas. La lista es infinita, porque el número de productos disponibles en nuestro comercio local también lo es. Nos rodea una selección interminable de marcas y productos, y que, por si fuera poco, además se expande constantemente. Vivimos en un ecosistema sobresaturado, lleno exclusivamente de depredadores financieros que no tienen más salida que ser más feroces y rapaces que los demás para no desaparecer. Esta situación, claro está, también se presenta en la industria de las historietas.
A decir verdad, esta contienda entre los empresarios comiqueros se ha recrudecido en las últimas décadas.
Esto no quiere decir que no haya existido competitividad entre compañías comiqueras rivales anteriormente. Sólo necesito hacer mención del mítico pleito legal entre Fawcett Comics y DC Comics para ilustrar ese punto. Como recordarán, el Último Hijo de Kriptón podrá ser el boy-scout más grande del mundo, pero boy-scout o no, él no iba a dejar que ningún Queso Rojo advenedizo fuera a vender más historietas que él. Y eso es sólo uno de muchos ejemplos similares. La industria del cómic está llena de relatos así: pleitos por plagio, por derechos de autor, por pago de regalías, etc. Desde sus inicios, la industria de la historieta presentó los mismos vicios que otras industrias de entretenimiento similares (tal vez no a la misma escala que, digamos, la industria discográfica, pero no se sabe qué depare el futuro). La diferencia entre aquellos tiempos y hoy en día es que entonces las empresas usaban todas esas prácticas agresivas para vender historietas.
Hoy, las empresas comiqueras más importantes ya no se dedican a vender historietas.
No hablo del desplazamiento del cómic periódico a favor de formatos como el TPB o el webcomic. No me refiero a las secuelas del más reciente desplome de la industria manufacturado por Marvel Comics (¿Recuerdan? Su idea de autodistribuirse). Me refiero a que ni la DC ni la Marvel se mantienen de publicar comics. Marvel (Marvel Entertainment, Inc. se llama ahora) ahora vende juguetes, y pugna por convertirse en un exitoso estudio cinematográfico. DC Comics es solo una parte del monstruoso conglomerado AOL Time-Warner, que se dedica a producir juguetes, películas, artículos promocionales de sus personajes, y videojuegos. Lo que quiero decir es que todos sus fondos provienen de actividades que no tienen mucho que ver con la publicación de obras del Noveno Arte.
Desde luego que ambas compañías imprimen y venden historietas. El amplio surtido de títulos de la Marvel y la DC encontrado en su tienda de comics más cercana no es un espejismo. Pero tampoco es un negocio. Las ventas del título más popular de hoy en día no alcanzan para mantener a flote más que al equipo creativo y la distribución de dicha revista. Las ganancias restantes, si las hay, son magras, insuficientes para mantener un imperio como el de DC o Marvel. Eso está bien, porque el objetivo de mantener sus publicaciones no es realmente hacer un negocio redituable a través de su venta.
Su objetivo práctico es la manutención y perpetuación de sus franquicias más redituables.
Las aventuras de la Liga de la Justicia o de los Hombres X mantienen a dichos súper-grupos vivos y frescos en la imaginación de cada generación de lectores. Eso en cierto modo es bueno, porque en esos grupos podemos encontrar personajes entrañables que no quisiéramos que desaparecieran. Sin embrago, esa misma certeza de que siempre habrá una Liga de la Justicia o que siempre habrá alumnos en el Instituto Xavier Para Jóvenes Dotados también les roba algo de emoción y sentido. ¿Qué importancia tienen Luthor, el Señor Siniestro, Superboy Prime, el Doctor Doom, el Guasón ó Thanos, si sabemos que nunca van a poder ganarle a los héroes? ¿Cómo podemos hablar de héroes que no enfrentan la responsabilidad que conlleva el paso del tiempo, o el verdadero riesgo?
¿Cómo podemos hablar de héroes si sus mayores enemigos no son los villanos, sino los héroes de la compañía rival?
Es por este motivo que muchos talentos y personalidades del comic no se refieren a los comics mainstream con mucho respeto. En una de sus ya-extintas columnas, Warren Ellis afirma que los Hombres X no son relevantes en el gran esquema de la industria comiquera (y lo dice completamente conciente de a cuánto ascienden las ventas de los títulos X). Alan Moore comentó en un artículo escrito por el hace ya 20 años (vean desde cuándo se ha estado comentando el problema) que su gusto por las historietas de superhéroes declinó el día en que se dio cuenta que el viejo Peter Parker todavía era presa de las mismas situaciones que lo aquejaban hace 20 años, y que no habría de salir de esa rutina ni en otros 20 más. Los personajes mainstream, a fin de cuentas, no le pertenecen ni a los que hacen las historias ni al público. Sólo son íconos prestados. Son propiedad de la Compañía, por lo que es de esperarse que, como dueña, la Compañía no desee que los desgastemos mucho al meterles mano.
Incluso las editoriales más pequeñas entran al juego de las franquicias, por simple instinto de conservación. Si quieren competir contra el Hombre Araña y Batman, hay que crear sus equivalentes en Dark Horse, Image, IDW, Virgin, etc. Algunos, como Dark Horse, han dado en el clavo al menos una vez (Hellboy, siendo el caso más claro). Otras se contentan con ejercicios de prueba y error. A pesar de ello, los dos titanes indiscutibles de la guerra de franquicias son DC y Marvel.
Yo crecí con todos esos personajes famosos, y por tanto no puedo evitar el tenerles cierto cariño –no inquebrantable, pero sí difícil de matar. Y, siendo justos, el ser franquicias no les impide a esos personajes protagonizar una buena historia de vez en vez. No quisiera que desaparecieran. Sólo quisiera que, así como tenemos personajes sempiternos mantenidos con el poder del dinero, también tuviéramos buenas historias igual de imborrables. Hasta la próxima.
Nota: todos los comentarios están sujetos a las Reglas de uso.
freakzion, en Confirmado: Gearhead al cineJA JA JA JA JA !!!
no espera…
JA JA JA JA JA JA JA JA !!!
Buenisima interpretación del cartel, casi se me sa …
Nelly, en Confirmado: Gearhead al cinegracias nelly!!!!
Ver todos los comentariosBuenas noticias: puedes leer Gearhead #1 gratis. ¡Espero que te guste!
Los nombres, logotipos, marcas y características son copyright y propiedad de sus respectivas empresas,
y son usados con fines puramente informativos.
Los artículos publicados reflejan el punto de vista del redactor, y no necesariamente reflejan la opinión de la empresa.
Algunos derechos reservados
Licencias: Contenido - Columnas - Diseño
Hecho en México con ExpressionEngine.