Comiquero

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La táctica del mendigo

Friday, August 03 2007 Por: Friki

Imagínense que uno de estos días, en uno de esos golpes de suerte, invitaran a Milo Manara a una convención en nuestro país. Ahora, piensa que de pronto, durante la misma, este autor se acercara a ti con uno de sus mejores álbumes y te dijera. Cómpralo y apoya al cómic italiano. Lo se, a mí me sonaría también muy extraño, aunque desafortunadamente, esa es la forma en que los mexicanos hemos tratado de darle impulso a nuestra industria historietística actual.

Si somos totalmente honestos, tenemos que aceptar que ser comiquero es uno de los hobbies más caros que existen: dependiendo de la cantidad de títulos o autores que sigas, la cantidad que sueles gastar es bastante elevada. Por ello, es natural que uno busque lo mejor, las mejores historias, los dibujos más atractivos o los personajes más interesantes. Obviamente, como todo buen coleccionista, vas a interesarte en lo nuevo, y verás que es lo interesante. Pero si por ejemplo, DC Comics sacará un título que luce atractivo, pero que en realidad no lo es tanto, es seguro que no vas a comprar el número 2. Es que, como en todo, uno busca calidad, y para poder progresar, tenemos nosotros que ponernos esos estándares y alcanzarlos, cosa que pocos autores hacen realmente.

Cuando vino el boom del cómic de los noventas, muchos jóvenes que habían tenido la inquietud de ser dibujantes comenzaron a aprovechar esa coyuntura, y se creó una corriente fanzinera abundantísima. A partir de esos años, en los que a diario veíamos la presentación de alguna revista, por lo que, en teoría, uno imaginaría que actualmente tendríamos una cantidad soberbia. Sin embargo, en realidad no son tantas como uno imaginaría. Obviamente, de ahí surgieron multitud de autores que en estos años son bien reconocidos, como Bachán, Quintero, Rickamacho y toda una generación completa. Pero si somos observadores, nos daremos cuenta de inmediato que son cerca del 10 % de todas las “nuevas promesas” de aquellos años.

El porque fueron tan pocos frente a una hornada tan grande no es un misterio, pero a pesar de ser tan evidente, parece que a muchos de los actuales creadores aún no se les abre el horizonte. Los que aún se mantienen es simplemente porque tienen calidad, se supieron colocar, y trataron de ofrecerles a los lectores algo nuevo. Seguramente muchos de los que vivieron esos años todavía conservan entre treinta o cuarenta revistas en donde aparecía alguna versión mexicana de Spawn con algún nombre muy rimbombante, y usualmente de origen náhuatl.

Los actuales fanzineros y doujinsheros mexicanos no han logrado sacudirse todavía la táctica del mendigo, que marca que, por el simple hecho de haber nacido en el mismo país que el autor, estamos moralmente obligados a adquirir lo que él haya producido. Muchas veces, ésto puede resultar hasta molesto, pues si en una convención pasa uno por la zona de los independientes, y no compra uno cuando menos uno de cada uno de ellos, los autores nos clavan una mirada de traidores o de miserables, como si hubiéramos faltado a alguna obligación sagrada.

Y aquí me gustaría aclarar un punto: yo no estoy haciendo una defensa del malinchismo, ni esto queriendo dar a entender que todo lo que se hace en México es de mala calidad. Por el contrario, tengan por seguro que muchos de los verdaderos coleccionistas nacionales tienen un tomo de de Operación Bolívar en la misma repisa en donde tienen su Watchmen, y ninguna de los dos la compraron para apoyar al cómic de un país determinado, sino porque el dibujo y la historia eran de su agrado.

Otro problema muy usual entre muchos de los nuevos dibujantes, es el convencimiento de que el patriotismo debe de estar por encima de todo, y que cualquier elemento que huela a nacional nos implica una obligación. Uno de los argumentos más usuales de muchos de ellos es En nuestra revista tomamos elementos de las tradiciones prehispánicas de México, así que con ella estamos ayudando a que todas esas tradiciones no se pierdan. El mensaje implícito es Si no nos comprar, y por ello todas estas tradiciones pasan al olvido, va a ser tu culpa. El pasado cultural de México es enorme, y con una gran riqueza, pero como todo, requiere de un mínimo de talento para sacarle todo el partido posible. De hecho, si somos observadores, nos daremos cuenta de que Jis y Trino, en su hilarante creación El Santos, logran representar la esencia misma del mexicano sin tener que recurrir para nada a la ya muy manida solución del misticismo prehispánico.

Seamos honestos también, el que tengamos ya nuestros favoritos no implica que no podamos encontrar algo que nos atraiga. Por ello, en ciertas ocasiones puede ser conveniente —que no obligatorio— el comprar lo que ofrece algún joven dibujante, que quizá posiblemente no tenga un estilo muy depurado, pero que demuestre un ingenio notable, puede hacer verdaderos milagros en lo que respecta a ampliar nuestros horizontes. Pero existen más de una revista que, desde la portada, a lo único que nos inspira es ha envolver pescado con ella, y no tendríamos porque sentirnos obligados a comprarla por más que el autor nos insista.

Otra recomendación bastante sana es la autocrítica, algo que generalmente es muy escasa dentro del medio nacional. El hacerte de tu propio dinero, y publicar una revista sin el apoyo de ninguna editorial es algo que tiene uno que aplaudir, pues muchos de nosotros no tenemos esa fuerza de voluntad. Sin embargo, es cierto que la voluntad no lo es todo. El que lo hayas logrado por ti mismo te demuestra que eres un excelente administrador, pero no necesariamente un dibujante que valga la pena.

Otro aspecto importante que se tiene que recordar es que el cómic es un arte, pero también es un negocio, y todo negocio implica un riesgo, así sea una historieta o bolsas de chicharrones. Si inviertes los ahorros de toda tu vida en sacar tu primera revista, tienes que hacerlo sabiendo que puedes perderlo todo, y no esperar a que simplemente por ello todos los coleccionistas compren u nueva edición exclusivamente para evitar que la cierres.

Ciertamente, muchas de mis afirmaciones pueden sonar demasiado duras, pero desafortunadamente son ciertas. Pero quizá sea conveniente, para verlo de otro modo, verlo desde el lado opuesto: Si cualquier persona que sacara un fanzine tuviera asegurado su nivel de ventas tan sólo por ser mexicano, realmente no se preocuparía por darle calidad, pues tendría la seguridad de que de todos modos tendría respuesta. Eventualmente, el coleccionista de comics estaría forzado a comprar cada semana unos cuarenta o cincuenta títulos que en realidad no estaría disfrutando, y eso es un golpe muy severo incluso para el más rico de los comiqueros. Y hasta donde sé, esas dos palabras son mutuamente excluyentes.

Así que, para cerrar, vaya una invitación a todos los dibujantes que están haciendo una revista o que planean hacer una: céntrense realmente en ofrecer material de calidad, incluso para facilitarse las cosas. Una revista bien hecha se vende por si misma, así que hasta te resultaría más cómodo. Y no podrás negar que, para el ego, va a ser siempre mucho más satisfactorio que te digan He estado buscando tu revista ¿Todavía te queda alguna que me vendas? a que te digan Está bien, te voy a comprar una, pero por favor deja de llorar.

Este sería el primer paso para poder ir mejorando la situación del cómic dentro de nuestro país, y resultaría mucho más sano que seguir quejándonos porque no hay ningún apoyo para el talento nacional.

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Comentarios:

Alejandro Luna 2007 08 03

Amen, Mr. Héctor

alex 2007 08 04

Realmente tienes toda la razon.

También le añadiría a tu invitación. Que también sean originales.

Como actualmente esta de moda el “Anime”, existen muchos personas que solo miran para ese lado, y no buscan otros horizontes que no sea el dibujo japones, como también su cultura.

Que bueno sería tanto así, como admiran la cultura externa, también adentrarse en lo propio suyo (cada país tienes su mitos, leyendas). Es decir tanto en la narración y en el dibujo diferenciarse y buscar diferencia, y no solo emular.

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