Hola, bienvenidos a esta, nuestra plática de los viernes. La semana pasada hablamos de la desafortunada y controversial saga “One more day”, la muy criticada historia donde Mefisto “arregla” la vida del Hombre Araña con magia a cambio de su matrimonio con Mary Jane (Hey, Marvel Comics, ¿Qué les parece esto? La próxima vez que quieran desdecirse de algo que ha sido un hecho establecido durante años, podrían echar la casa por la ventana y hacer que Superboy Prime agarre de los tobillos a Mefisto y a la Bruja Escarlata para que le sirvan como baquetas y con ellos, empezar a darle de tamborilazos a la realidad. Eso debería servirles bien).
Hoy, como lo indica el nombre de la columna, quisiera hablar de una convención artística que es parte fundamental del cómic, a pesar de que su función neta es menos artística y más enfocada a las ventas. Les hablo de la portada de una revista de historietas.
Las portadas de los comics son una paradoja. Es lo primero que se aprecia de un cómic, probablemente sea el factor que nos ayuda a decidirnos a comprar tal o cual título nuevo por primera vez, y sin embargo, tienen poco o nada que ver con la historia que se desarrolla en las páginas interiores. Muchos artistas famosos y talentosos del medio historietístico han hecho una carrera como artistas de portada –Tim Bradstreet es un buen ejemplo- y su trabajo engalana muchos números que -para sorpresa, enojo y frustración de muchos- no cuentan también con su atractivo arte en las páginas interiores.
Una experiencia personal a este respecto fue la ocasión en la que compré el TPB de Earth X, con una portada fenomenal cortesía de Alex Ross. Mostraba a todos los héroes más consabidos de Marvel pero de forma muy diferente (Thor como una mujer, el Capitán América como un anciano calvo y desnudo envuelto en una bandera norteamericana a manera toga, Namor con la mitad de su cuerpo en llamas, etc.) Todo eso me sonaba a la versión marvelita de Kingdom Come, cosa que por sí misma ameritaba la compra, y si Ross también estaba involucrado en tal cosa, entonces había que conseguirlo de inmediato. Una vez hecha la adquisición… oh, decepción. El arte interior estaba a cargo de John Paul Leon, y aunque este artista resultó ser alguien bastante competente –la escena de la muerte de Norman Osborn luce genial- de todos modos no era él quien me animó a comprar dicho tomo. Insisto en que el arte de John Paul Leon es bueno, pero no pude evitar sentirme estafado en ése momento. Los números subsecuentes de esa serie también contaban con portadas hechas por Alex Ross, y esta vez, los artistas de las páginas interiores no ofrecían (casi ninguno) talento suficiente para disculpar la ausencia del maestro Ross. De no ser por la larga-pero-entretenida historia, con gusto hubiera dejado de comprar esa saga y me hubiera librado de los tomos que yo ya tenía. Por fortuna, la historia de Jim Krueger me fue suficiente para conservar Earth X y seguir comprando el resto de la serie, pese a la ausencia del artista que me indujo a comprar la historia en primer lugar. A final de cuentas, lo que hay detrás de la portada es lo que importa.
La prueba de esto se puede encontrar en cualquier tienda de comics. Busquen en la típica caja de los comics de remate, de esos comics rezagados, dañados o poco populares. Verán que no hallan comics sin portada, o con la portada en mal estado dentro de ésa caja. Esto es porque esos números atrasados sin portada no duran. Siempre hay alguien que quiere completar su colección, o quiere saber cómo termina la historia que se asoma en esa primer página desnuda que salta a la vista. Son comics que han pasado por varias manos y han sufrido los rigores del uso. Un verdadero lector de historietas, a fin de cuentas, no podría interesarle menos si un número valioso carece de portada. Lo que importa es por fin leer qué pasó en esa edición de su revista favorita. El reverso también es cierto: Los comics que jamás se vendieron (ni se venderán) siempre están intactos, porque, por definición, nadie los ha volteado a ver siquiera y así, sin nadie que la perturbe, una revista puede durar ilesa muchos, muchos años (ejemplo: Todo número atrasado de Youngblood que encuentren seguramente lo van a encontrar curiosamente inmaculado y en su empaque y, desde luego, con su portada íntegra).
En los tiempos de antaño, las portadas servían principalmente para proteger las páginas de papel barato y para estampar el logotipo de la revista. Con el espacio que sobraba se hacía casi cualquier cosa, buena o mala, con tal de que permitiera que el logo luciera claramente. Esto era porque, en los tiempos en los que las historietas se vendían en los kioscos y en los puestos de periódicos el acomodo de las revistas a menudo sólo dejaba a la vista del comprador el mencionado logotipo. Era por esto que, en un principio, el arte de la portada jamás de los jamases debería de obscurecer o alterar el logotipo de ninguna forma. No fue sino hasta que artistas como Carmine Infantino comenzaron a juguetear con el logotipo como parte del arte de la revista, haciendo que las letras se desmoronaran, temblaran o aparecieran entre signos de interrogación. Hoy en día, eso de tener una portada del villano de la revista vandalizando el logo del héroe titular ya está muy visto, pero en aquel entonces era algo bastante innovador.
Como dije, los comics que estaban diseñados para ser acomodados en montones, junto con los diarios, revistas y demás, no se preocupaban en tener una obra de arte de sus portadas porque ésta no era realmente un factor a considerar a la hora de hacer la compra (lo que importaba era la franquicia, o sea, que el nombre de la revista fuese reconocible, y eso se lograba con el contenido). Una vez que se estableció un nuevo mercado (el “mercado directo”, también conocido como las tiendas de comics) las portadas comenzaron a ser el centro de atención. En una tienda de comics, las revistas están sujetas en las paredes, acomodadas cuidadosamente en mesas y aparadores, presentadas al comprador haciendo énfasis en mostrar las portadas claramente. Los comics hechos para venderse en tales lugares, por consiguiente, se toman muy en serio el tema de la portada, y las hacen tan vistosas como les sea posible.
Algunos artistas como Adam Hughes o Adi Granov son capaces de hacer portadas espectaculares. En sus días de gloria, Jim Lee podía vender un título, sin importar cuál fuera, si él hacía la portada. Los ya mencionados Bradstreet y Ross son artistas de portada muy reconocidos, y en el caso específico de Bradstreet, por desgracia, no es extraño ver su colaboración en esa penosa práctica de las portadas múltiples. Esto ha elevado el estándar de calidad artística hacia la estratosfera, pero también ha tenido un efecto secundario muy perturbador: el de desensibilizar al lector de comics promedio.
Si un lector entra a una tienda de comics y da un vistazo a los estantes y las paredes, sus ojos seguramente se saturan de arte llamativo, al grado de que, irónicamente, ninguna de esas portadas espectaculares termina por resaltar ante sus ojos. A final de cuentas, como en los tiempos de antaño, lo que hoy en día termina vendiendo una revista es la franquicia y el contenido. Ya antes habíamos tocado el tema de argumento vs. arte, pero creo que esta vez podemos considerar el arte interior y el argumento como un solo “contenido” y así, podemos proponer un nuevo enfrentamiento: “contenido vs. merchandising”
¿O cómo ven ustedes?
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freakzion, en Confirmado: Gearhead al cineJA JA JA JA JA !!!
no espera…
JA JA JA JA JA JA JA JA !!!
Buenisima interpretación del cartel, casi se me sa …
Nelly, en Confirmado: Gearhead al cinegracias nelly!!!!
Ver todos los comentariosBuenas noticias: puedes leer Gearhead #1 gratis. ¡Espero que te guste!
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