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Sin pasarse de la raya

Friday, August 31 2007 Por: Friki

Uno de los puntos que más suelen defender los caricaturistas e historietistas, es su libertad de expresión, que todos sabemos que, en muchos países, es ya un derecho inalienable. Sin embargo, muchas veces tendemos a olvidarnos que los derechos nos confieren también ciertas obligaciones, y una de ellas es el respeto hacia los demás. Este tema puede ser uno de los más espinosos que hay dentro de este oficio, pues es uno en donde realmente es casi imposible marcar un límite realmente objetivo.

De entrada debemos de partir de una realidad, y es que la sátira es una de las herramientas más efectivas de denuncia que existen en el mundo. Cuando algo nos hace reír, lo asimilamos mucho más fácil que cuando se trata de algo más árido, además de tener un alcance mayor que otras formas de comunicación. Sería interminable el mencionar todas las ocasiones en las que humoristas y caricaturistas fueron los motores de incontables cambios sociales, e incluso ahora, nadie puede negar que viene resultando el escaparate de muchos de los vicios sociales.

Sin embargo, es fácil olvidar que esas mismas figuras públicas son también personas, y que por lo tanto hay aspectos de su vida que tienen el derecho a que se les respete. A un político, por ejemplo, se le puede perfectamente señalar sus errores y faltas dentro de su labor pública, pero aspectos sobre su familia o vida personal deben de dejarse de lado, excepto que tengan una consecuencia directa en lo que hace. Pero bueno, como dijimos, el tema puede ser algo subjetivo, por lo que vayamos a un ejemplo.

Hace poco, pudimos ver una sonadísima portada en el semanario humorístico español El Jueves, que de hecho provocó que fuera secuestrada toda la edición. Esta misma fue un ejemplo perfecto de este fenómeno pues, si bien la reacción del Gobierno Español fue excesiva, también tendremos que reconocer que la gente de El Jueves se pasó de la raya.

De primera instancia, reconozcamos que el tema era de mal gusto: la vida sexual de una pareja es uno de los aspectos más íntimos de la misma, y a menos que ésta los ventile abiertamente, —cosa que obviamente no hizo el Matrimonio Real—no tiene porqué trascender. Por otro lado, la imagen era gratuita, pues si analizamos el diálogo que la acompañaba, no era realmente necesario representar la relación sexual, pues con simplemente sugerirla, el chiste quedaba perfectamente bien demostrado.

Pero por otro lado, consideremos en cuenta otros puntos: dado que Letizia y Felipe están casados, es un hecho indudable de que los dos mantienen relaciones sexuales, por lo que, de mal gusto o no, es una situación que uno puede inferir que ocurre dentro de su cotidianeidad, y que no tiene nada de malo per se, ni tampoco daña la reputación de ninguno de ellos, por lo que no puede hablarse de ninguna calumnia. Por otro lado, aunque se utilizaba como elemento de comedia la sexualidad de la pareja, no era esa conducta la que se estaba satirizando, sino el hecho político –que muchos otros autores españoles han mencionado, y que no ha sido causa de tal alboroto—que para muchos, la presencia de una nobleza no es más que un gasto inútil, que no debería de seguirse permitiendo. En otras palabras, aquí aclaramos dos cuestiones completamente distintas, pero que se complementan: por un lado, El Jueves llegó demasiado lejos con esa portada, pero también es innegable que el mal gusto no es un delito per se, por lo que si bien era perfectamente justo que se le hiciera acreedor a una censura, pero no a la persecución criminal que se generó a raíz de la misma.

Pero bien, si estamos entonces de acuerdo en que va a ser imposible trazar una línea precisa que nos marque cuales son los límites en donde debemos de movernos, cuando menos podemos establecer una serie de parámetros con los que podamos guiarnos.

La sátira debe de tener un objetivo Cuando nos vayamos a burlar de alguien, es porque estamos buscando lograr un cambio, ya sea en aquel de quien hacemos mofa, o en la gente que va a ver el trabajo. El hacer escarnio de una persona tan sólo por el placer de hacerlo está totalmente fuera de lugar.

Distingamos los aspectos públicos de los privados Cuando satiricemos a alguien, tenemos que hacerlo con algo que tenga alguna relación con lo que nos compete. Si bien las figuras públicas saben que su vida personal va a estar sujeta al escrutinio, lo cierto es que puede uno esperar que ciertos aspectos se les tenga el respeto que uno esperaría que los demás tuvieran hacia con uno.

No confundamos la sátira con la venganza La función del caricaturista, o del historietista crítico, es servir como una conciencia de la sociedad, por lo que su trabajo no puede ser utilizado como una herramienta para burlarse de aquellos con quien se tienen diferencias personales, o para intereses que vayan más allá de su función principal. El Chamuco, en su primera época, fue una de las revistas más críticas y valientes que hubo en su momento, pero en su segunda aparición, se volvió una especie de órgano oficial del PRD, en donde más que críticas, sus historietas se convirtieron en ataques. El hecho de apoyarnos en el humor no significa que podamos pasar por alto la ética.

Sé directo y actual Algunos personajes de la política y la farándula tiene de pronto algunos vicios repetidos, que de una u otra forma incide en su desempeño, y puede ser un excelente material para mofarse del mismo. Sin embargo, cuando nos tomamos de eso para hacer todas nuestras tiras, lo único que demuestra es falta de creatividad. Por ejemplo, si el empresario X es célebre por utilizar malas palabras en exceso, sólo vale la pena mencionarlo cuando en algún momento cometa alguna indiscreción o diga alguna frase específico que lo amerite. Si cada tres o cuatro tiras volvemos al mismo tema, no sólo se agota la posibilidad rápidamente, sino que nuestros mismos lectores terminarán aburriéndose rápidamente.

Cuidemos el buen gusto Cualquier comunicador con un poco de experiencia sabe perfectamente la diferencia entre forma y fondo: tan importante es lo que vas a decir, como la forma en que lo hagas. Uno de los grandes problemas de la censura indiscriminada, es que se centran en los temas, y en base a ellos deciden si algo puede publicarse o no. Partamos del hecho de que ningún tema, así sea sexo, religión, costumbres o preferencias es intocable, pero para ello tenemos que saber la forma en que se hará. Muchas veces, el shock es una herramienta excelente para llamar la atención de los lectores hacia ciertas situaciones, pero cuando recurrimos a una escena o situación fuerte por el puro gusto de ofender, estamos perdiendo de vista nuestro objetivo básico, y eso desvaloriza completamente nuestro trabajo.

Seamos congruentes con nosotros mismos Fuera de ciertas cuestiones que son completamente unviersales, muchos de los aspectos de la crítica o el humor son completamente subjetivos. Esto es en sí una enorme ventaja, pues de esa forma los caricaturistas o historietistas pueden compartir su propia visión del mismo. Puede uno perfectamente aceptar que uno tenía una opinión errada sobre algo y cambiar de parecer, pero si en tu sátira no tienes una dirección o punto de vista bien definido, lo único que estás haciendo es demostrarle al lector tu inmadurez. Comprométete sin llegar al fanatismo, y sé firme sin llegar a la necedad.

Si nos apegamos a estos sencillos lineamientos, es mucho más fácil poder andar este camino sin caer en ninguno de los dos extremos, aunque también recuerda la regla de oro del caricaturista: Si toda la gente está de acuerdo contigo, es que algo estás haciendo mal.

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Comentarios:

Jesus 2007 08 31

Precisamente otro dia escuche una discucion semejante y cito un ejemplo de satira de buen gusto que cumple con todo aquello comentado en esta columna se trata del video land of confucion del grupo genesis una verdadera critica al periodo de Reagan y sobre todo a la fase en que la guerra fria se estaba empezando a calentar otra ves.

Es curioso como pese a mostrar una burla de los defectos personales de Reagan nunca se le ve como una ofensa y si como como una muy safada (Pero no por ello falta de certeza) critica.

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