Hola, qué bueno es tenerlos de regreso aquí, en este espacio dedicado a la reflexión comiquera. La semana pasada hablamos del cómic “para chicos y grandes”, y de cómo el así-llamado cómic familiar, a fines prácticos, resultaba ser más bien un cómic preocupado por complacer a los padres de familia, en lugar de ser un cómic preocupado por ganar la aceptación de los supuestos destinatarios de dicho cómic, o sea, los niños. Esta ocasión, quisiera hablar de un tema algo más polémico: El sexismo en los comics de superhéroes.
Este es un tema muy interesante, y hasta cierto punto, inevitable cuando uno se pone a hablar largo y tendido acerca de cómics, como lo hemos hecho hasta ahora ustedes y yo. De hecho, el tema es tan inevitable que ya en otras ocasiones ha sido abordado aquí, tanto en Mundo Friki como en esta columna. Héctor nos ha comentado acerca de la falta de realismo con la que los dibujantes de ayer (y hoy) representan el cuerpo humano en las historietas, así como también nos habló de la falta de realismo con la que generalmente se representa el comportamiento femenino (completamente resumido en tres o cuatro estereotipos desgastados). Otra aportación de Héctor fue señalar la predominancia del público masculino como la principal razón de esta tendencia falocéntrica en la industria del cómic (una tendencia que se ha suavizado con los años, pero que no ha desparecido del todo). Inclusive yo tuve algo que decir al respecto, al hacer notar que la preponderancia del superhéroe en la industria de las historietas hace que las lectoras muestren una preferencia hacia otros géneros del Arte Secuencial (en especial el manga, donde hay varios sub-géneros hechos teniendo en mente los gustos de las lectoras de todas las edades).
Todo lo anterior nos habla de una incapacidad artística de parte de los realizadores comiqueros, y de una fuerte motivación económica tras este estilo de historieta, pero no nos habla directamente del asunto en materia discursiva, o dicho de otro modo, todo lo anterior no nos dice mucho con respecto al mensaje que conllevan los cómics creados con esa mentalidad. Aún no hemos hablado abiertamente de sexismo.
¿Les parece exagerado el término?
Ya se ha comentado muchas veces -por parte de analistas y de realizadores comiqueros- que los superhéroes son símbolos de las fantasías y deseos reprimidos del lector promedio, y por lo tanto, es de esperarse que exista un elemento de sexualidad manifiesta que forme parte de toda figura superheróica. Esto, desde luego, no tiene nada de malo o de anormal, pero por desgracia, cuando hablamos de la sexualidad implícita en la figura del superhéroe, hablamos de una sexualidad que se manifiesta de manera desigual en el caso de las heroínas. Para los héroes masculinos, el estatus de superhéroe generalmente significa una liberación de sus inhibiciones (Peter Parker es tímido, el Hombre Araña no; Billy Batson deja de ser un niño y se convierte en un hombre cuando se convierte en el Capitán Marvel). Para las heroínas, ese mismo estatus de aventureras enmascaradas suele significar la liberación de las inhibiciones de otros, pero no necesariamente de las inhibiciones propias.
Esto se aprecia más claramente cuando comparamos los uniformes de ellos y de ellas. En lugar de comenzar mencionando los ejemplos más obvios de esta erotización de la superheroína, quizá debamos empezar comparando los uniformes de los héroes “emparentados”. Comparemos los uniformes de Superman y Superchica; de Batman, Batichica y Batimujer; del Hombre Araña y la Mujer Araña (la que ustedes gusten); de Sue Richards y del resto de los Cuatro Fantásticos, etc. Hablamos básicamente del mismo diseño (el traje del Hombre Araña y de la Mujer Araña difieren un poco, pero ambos conllevan la misma temática y patrones parecidos) y, sin embargo, la reacción que provocan dichos disfraces es muy diferente. Cuando la gente mira hacia arriba y ve a Superman volando, dicen “es un pájaro, un avión”. Cuando voltean a ver a Superchica, generalmente no dicen nada, y sólo tratan de ver debajo de su falda.
Desde luego, el problema no es que las heroínas tengan o carezcan de sex appeal. Después de todo, los héroes masculinos -con notables excepciones, como La Mole, Swamp Thing o Hellboy, entre otros- suelen representarse como personas atractivas, hombres atléticos y bien parecidos (en algunos casos, se les presenta abiertamente como playboys y solteros muy codiciados). La juventud y la belleza, a fin de cuentas, son parte de la figura típica del héroe. El asunto que discutimos hoy se trata de porqué un hombre con habilidades sobrehumanas y un traje vistoso inspira asombro y admiración, mientras que una mujer con los mismos poderes y -casi- el mismo traje inspira fantasías y reacciones de todo tipo, pero no inspira el mismo asombro ni la misma admiración.El meollo del asunto que hoy discutimos es el doble estándar que manejamos todos los que estamos involucrados en el ámbito comiquero, tanto los que hacen los comics como los que los consumimos.
En síntesis, hablamos de la importancia del superhéroe como símbolo. La figura del superhéroe simboliza un ideal al cual aspirar (ya sea un ideal estético, moral o de actitud), y por lo mismo, se antoja preocupante que la figura de la superheroína, en vez de ser un símbolo similar que inspire a las lectoras, se vea reducida, en contraste, a una simple fantasía sexual estereotípica, igual que la maestra sexy, la mucama francesa, la colegiala precoz o la vampiresa. No en balde el género de superhéroes es recibido con incredulidad e irreverencia por parte de las lectoras que se dedican a comentar y analizar dichos títulos (hay muchos blogs y columnas dedicados al tema, creados por fangirls que ahondan frecuentemente en los pormenores de esta problemática).
¿Quién sabe? Si se pudiera reinvindicar el valor de la heroína, elevándola más allá del papel de atractivo visual que hoy en día desempeña en las historias que tanto disfrutamos, podría significar una diferencia para futuras generaciones, las cuales pudieran tomar la idea de una mujer poderosa con seriedad, gracias a una serie de lecturas formativas -también llamadas “comics”- que así les educaron.
¿Ustedes qué opinan?
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Curioso que no haya habido ninguna respuesta /comentario a este post. Quizás es que no es una entrada morbosa o polémica. Pero justamente por ello te felicito,seas quién seas, ya que, bajo mi punto de vista, es el reportaje,acerca del espinoso tema del universo del comic, más objetivo que he tenido el placer de engullir.
Las conclusiones son las mismas a las que muchos ya llegamos hace tiempo. Yo soy tía, leo comics desde hace tiempo (no sólo los manga XD ) y es cierto que el tema del sexismo es muy controvertido. Pero has sabido abordarlo sin caer en la discriminación positiva y, por otro lado, sin deslegitimar las quejas de algunas de mis compañeras.
Alex:
Mil gracias por comentar. A mi me pareció un tema que vale la pena discutirse. Yo tengo la firme creencia de que si no hubiera tanto sexismo en las historietas de superhéroes, todos ganaríamos:
-Al aprender a ver a las mujeres como iguales, y al acostumbrarse a la idea de ver a una mujer poderosa y admirable, ganarían los niños, pues cuando crecieran esos conceptos les ayudarían a tener una relación más armoniosa con el sexo opuesto.
-Al tener heroínas, es decir, modelos fuertes y audaces dignos de admirarse, ganarían las niñas, pues comprenderían que la fuerza y la audacia no son exclusivas de un género.
-Al tener niñas deseosas de leer las aventuras de, digamos, Batichica ó la Mujer Hulk (por nombrar solamente un par de ejemplos), ganarían Marvel y DC, porque estarían duplicando su base de lectores.
-Ganaríamos los lectores adultos de comics, porque por fin se le quitaría ese estigma tan deprimente al género de superhéroes
Ganaríamos todos ¿No lo crees?
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