Comiquero

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The Comics Code Authority, una historia de censura

Friday, November 09 2007 Por: Alejandro

Hola, bienvenidos de nuevo a ésta, nuestra cita de los viernes. La semana pasada, por ser 2 de noviembre, le dedicamos unas calaveras tradicionales a algunos personajes del mundo de las historietas. Hoy, ésta columna tratará acerca de un caso curioso del mundo del cómic estadounidense. Hablaremos de un organismo que, para bien y para mal, ha regulado los comics que hemos leído durante muchos años: La Comic Code Authority.

Comencemos por el principio ¿Qué es la Comic Code Authority?

Remitámonos al año de 1954, durante aquellos agitados años del macarthismo en Estados Unidos. El clima político y social estaba bastante enrarecido entonces, como bien saben, y mientras la caza de brujas anticomunista estaba en su apogeo, una pequeña versión miniatura de este drama se suscitaba entre las casas publicadoras de historietas. Fue por estos años que el famoso libro Seduction of the innocent del Dr. Fredrick Wertham causaba revuelo entre las figuras de autoridad norteamericanas (desde instituciones gubernamentales hasta asociaciones de padres de familia) quienes comenzaron a ver con displicencia cualquier manifestación cultural que mostrara algo ajena a los cánones de lo que, en aquel entonces, se consideraba el modo de vida americano. Las historietas acerca de gángsters, de horror sobrenatural o de humor crudo y lascivo (tan populares hasta aquél momento) ahora eran como pararrayos para los problemas, y ante la alternativa de caer bajo escrutinio del gobierno (algo espeluznante en aquellos años) las editoriales comiqueras decidieron mejor crear ellas mismas un organismo regulador que se asegurara que ningún cómic “inapropiado” viera la luz del día. Así, la Comics Magazine Association of America creó la CCA para vigilar el contenido de las historietas que publicaban. Si una historieta no recibía el sello de aprobación de la CCA, los mismos editores de dicha revista se oponían a imprimirla. Curiosamente, el Dr. Wertham, uno de los críticos más severos del contenido de las historietas de aquel entonces y uno de los cabecillas de esta ola de sentimiento anti-historieta, estaba en contra del Comics Code, considerándolo insuficiente, una solución a medias (no me imagino qué hubiese considerado el Dr. Wertham como una medida “efectiva”).

Esto no quiere decir que, previo a la creación del Comics Code, no hubiese un lineamiento acerca de qué es correcto y qué no lo es para la publicación de un cómic. Ya en 1948 las editoriales estadounidenses habían bosquejado un código parecido, basándose vagamente en un Código de Producción de Hollywood vigente en 1930 (en otras palabras, lo que Hollywood pensara que es apropiado para la gente, también sería apropiado para publicarse, con muy pocas reservas). Cabe señalar que dicho código prototipo de 1948 era muy rara vez invocado, y hasta 1954, los editores comiqueros de Estados Unidos se bastaban con su propia brújula moral. En contraste, la creación de la Comics Code Authority habría de reemplazar dichas brújulas morales con una sola conciencia que habría de ahorrarle a todos, lectores y editores por igual, el fastidioso trabajo de elegir el camino correcto personalmente. Y el camino elegido por la CCA habría de ser un camino tortuoso, que en algunos puntos no tenía sentido.

Entiéndase que, por sí misma, la Comics Code Authority no tenía la autoridad legal de evitar la publicación de una revista. Sin embargo, la mayoría de los distribuidores de revistas se rehusaban a mover un cómic sin el sello de aprobación de la CCA, obligando a casi todos los editores a no salirse del corral (Hubo quienes sí se aventuraron a subsistir sin la venia de la CCA, pero ellos fueron excepciones a una regla casi sin excepciones). Esto nos habla de un trasfondo del que también se habla mucho cada vez que se toca este tema de la creación de la CCA: El trasfondo monetario. La prohibición de palabras como “crimen”, “terror”, “horror”, así como la decisión de no permitir la publicación de historias que incluyeran muertos vivientes, hombres lobo, actos violentos explícitos (o sea, historias de guerra y/o de criminales) o “personajes inmorales” (un término fácilmente adaptable a las necesidades de un censor) fueron argumentos de peso para que el famoso William M. Gaines declarara que el verdadero motivo para crear la CCA no era otro que sacarlo del negocio de las historietas. Recordemos que los títulos de la difunta EC Comics, propiedad de Gaines, eran bastante populares hasta aquel momento; títulos como Vault of Horror, Tales From The Crypto Crime SuspenStories superaban fácilmente el millón de ejemplares vendidos por número (qué tiempos aquellos), a diferencia de muchos otros títulos comiqueros que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, comenzaban a perder lectores. Aunque el clima sociopolítico de ésa era se antoja como la principal causa de la creación de la CCA, hay que admitir que las prohibiciones de la Comics Code Authority sí se enfocaban en los temas que EC Comics solía manejar, y que la bancarrota de EC beneficiaría a muchos editores en apuros. (El único sobreviviente de la EC de aquella época fue la revista MAD, aún en publicación).

Como ya lo había dicho Héctor en Mundo Friki hace algún tiempo, el código de la CCA fue el responsable de la llamada “Edad Oscura” del cómic. Me refiero a aquellas historias desinfectadas, emasculadas, sosas, bobaliconas, acarameladas y completamente ajenas al mundo de los lectores, libres de todo mal, donde Superman y Batman tenían tanto tiempo libre que hacían pijamadas con Niños Exploradores (no estoy exagerando ni inventando ésto), y donde cada policía, bombero, soldado o político era un hombre apuesto en un uniforme impecable, o un hombre de mediana edad, muy propio, paternal y bonachón. No es de sorprenderse que tal contenido comenzara a alienar a muchos lectores, excepto a quienes no les molestaba que los vieran leyendo a Batman o a Superman, o sea, a ésos Batman y Superman (una minoría, se los aseguro). Afortunadamente, el auge de la contracultura de los años 60, y de su heraldo comiquero, el cómic underground o comix, comenzaron a erosionar los cimientos económicos en los que estaba fundada la CCA. Digo esto porque, obviamente, los comix prosperaba sin necesidad del sello de aprobación de la CCA, y este éxito al margen de las instituciones censoras iba envalentonando poco a poco a aquellos que cada vez se preguntaban, cada vez con más frecuencia, qué pasaría si se animaran a desafiar a la CCA. Negocios son negocios, y la libertad de imprimir las revistas en base a lo que da más ganancias en lugar de basarse en causas abstractas como la moral es una idea muy atractiva para los editores comiqueros, hombres de negocios al fin y al cabo. Los cambios en la sociedad estadounidense llegaron a un punto donde los valores macarthistas perdían mucha de su validez y sentido, y a muchos sus defensores. Al final, hasta el mainstream de la industria se sumaría al cambio de actitud, aunque de manera timorata.

En una entrega anterior, mencioné aquel momento donde Marvel Comics se animó a publicar una historia acerca de los peligros de la drogadicción, a pesar de no contar con el sello de aprobación de la CCA. En ésta historia, Harry Osborn casi muere a causa de una sobredosis de droga, y el Hombre Araña reflexionaría acerca del tema (y con suerte, haría reflexionar a los lectores también) al ver a su amigo en un estado tan lamentable. A pesar del tono didáctico de la historia, la CCA se rehusó a aprobarla a raíz de que mostraba el uso de las drogas, sin importar que hayan sido presentadas como algo terrible y escabroso que hay que evitar a toda costa. Fue este contrasentido el que propició una revisión del código en 1971 (la primera). Algunas cosas que fueron cambiadas incluyen la admisión de temas como las drogas y la adicción, siempre que sean presentadas como un vicio desagradable y reprochable, así como también se volvió a permitir la aparición de personajes de horror como Drácula ó el monstruo de Frakenstein, argumentando que estos personajes son parte de la literatura universal, y que de todos modos las escuelas de todo el mundo requieren que sus alumnos lean dichas obras (esta permisión, sin embargo, solo se aplicaba si se presentaban esos personajes de modo similar a como aparecen en sus respectivos libros, y desalentaba el uso de personajes sin el apoyo literario correspondiente, como los zombies o mutantes deformes). Los cambios que se hicieron permitieron que las historietas de la así llamada Edad de Bronce pudieran flirtear con temas risqué sin meterse en problemas, aunque aún dejaban mucho espacio para mejoras.

Dichas mejoras vinieron en años subsecuentes –ubiquémonos todos en los años 80- gracias a los cambios en la sociedad estadounidense, los cambios en la industria (la aparición de las ya muy mencionadas joyas de los años 80: Watchmen, Maus, Dark Knight Returns, American Flagg!, etc.) y gracias a la aparición del así llamado “mercado directo” o sea, las tiendas de comics. Los cambios sociales hicieron posible que se hicieran revisiones al código como la revisión de 1989, donde ya se permitía la aparición de personajes homosexuales en los comics, siempre que éstos fueran presentados dignamente y se evitaran los estereotipos hirientes. Los cambios en la industria volvieron absurdo el tono paternalista de las historietas mainstream, y, aunque por desgracia nos dieron la época del “anti-superhéroe” violento y amoral, sí lograron que los editores replanearan su postura ante muchos hechos de la vida (ustedes saben a qué me refiero) que estaban sospechosamente ausentes de sus historias. La aparición del mercado directo significó que la CCA ya no podía amenazar a los editores de las revistas con el rechazo de los distribuidores, pues en las tiendas de comics (distribuidores independientes y especializados) un ejemplar sin el sello de aprobación de la CCA se movía igual de bien que uno que sí estaba aprobado (de hecho, se movía mejor: sin el sello, el ejemplar en cuestión era “para lectores maduros”, o sea, para la clientela típica de una tienda de comics). Al final, la CCA perdió tanto de su poder que Marvel decidió abandonar el código en el 2001 para reemplazarlo por uno de su propia invención (el Marvel Rating System, basado en la clasificación actual usada para censurar videojuegos) y las otras editoriales jóvenes (Image, Dark Horse, Dynamite, Virgin) simplemente se acostumbraron a vivir sin la aprobación del código. En la actualidad, sólo Archie Comics y DC Comics siguen usando el código, y DC sólo lo usa para sus líneas Johnny DC y DC Universe, dejando líneas como Vertigo libres de la intrusión del código.

Como ya he dicho en otra ocasión, la industria del cómic estadounidense es tan grande y tan prolífica que es la que marca el ritmo al cual bailan las otras industrias alrededor del mundo (con la posible excepción de Japón y de países donde no se aceptan publicaciones de EU). El código ha moldeado (indirectamente) cómo vemos la moralidad en los comics durante muchos años. Díganme, amables y aguerridos lectores, ¿Lo sigue haciendo? 

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Comentarios:

Friki 2007 11 09

De hecho, existe una leyenda urbana - que hasta ahora no he podido comprobar si fue cierta - de que durante años Mark Wolfman no podía firmar sus trabajos porque su apellido contravenía los lineamientos de la Comic Code

Lameth 2007 11 09

Bueno, yo aun recuerdo el logo de la CCA en los comics… No sabia que era en mis inicios comiqueros, para cuando supe de que se trataba supe que era un sello de censura. Quiza en su tiempo fue necesario. Pero fue demasiado extremista. Buscare mas informacion sobre la CCA.

Gracias Alejandro, es un buen reportaje.

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Últimos comentarios:

freakzion, en Confirmado: Gearhead al cine

gracias nelly!!!!

Nelly, en Confirmado: Gearhead al cine

Buenas noticias: puedes leer Gearhead #1 gratis. ¡Espero que te guste!

freakzion, en Confirmado: Gearhead al cine

no lei el comic porque no lo encuentro para descargar,pero la historia parece buena.que bueno que hagan una peli

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