Muchos comiqueros suelen pensar, cuando se habla del medio, en cualquiera de las dos vertientes más usuales: Ya sea en el subgénero de los superhéroes, o cualquiera de las líneas que conforman el manga. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos que no es lo único que hay en ese respecto, y que existe toda una vertiente sumamente rica, y que tiene bastantes cosas que ofrecerle al Comiquero que sabe donde buscar. Nos referimos obviamente al cómic europeo, una de las vetas más ricas tanto a nivel visual como creativo.
Uno de los primeros puntos a favor del cómic europeo, es que prácticamente este continente fue la cuna de este arte. Como lo llegamos a mencionar en una anterior ocasión, el primer autor de una tira fue Rodolphe Töpffer, que era suizo, y para esto hablamos de 1827. Prácticamente este género tuvo su origen en esta región, y fue ahí de donde se importó a América y, curiosamente, a Asia también. Siguiendo las distintas vertientes, podríamos decir que tanto el manga como el género de superhéroes tuvo sus raíces aquí, aunque claro, eso de todos modos sería muy reduccionista, pero nos da una idea de la importancia que el mismo tiene dentro de medio.
Un elemento que tenemos que considerar, y que es básico para entender las diferencias que hubo en la evolución de la historieta en Europa, es revisar sus orígenes. Desde mediados del siglo XIX y hasta principios del mismo, comenzaron a aparecer en diversos países las llamadas revistas satíricas. Estas eran resultado de los grandes movimientos políticos y filosóficos de aquellos años, y sirvieron como una forma de ir desarrollando una cierta conciencia colectiva. Estas publicaciones contenían escritos políticos y análisis sociales, y las caricaturas e historietas que incluían – en aquellos años no existía el concepto de una publicación exclusiva para los mismos – eran también hechas alrededor de estas mismas pautas. Por ello, se fue creando entre los lectores la idea de que estos materiales eran para el consumo adulto, lo que ya de entrada marcaba una diferencia muy clara.
Al finalizar el siglo XIX, con los nuevos avances en cuanto a impresión, las revistas comenzaron a crecer tanto en contenido como en cantidad, pero la dirección seguía siendo la misma. La historieta era un instrumento editorial, por lo que el dibujante tenía que hacerse responsable de la opinión vertida en su trabajo. Sobre ese entendido, el cómic se volcó más al trabajo de autor. El sistema dual, que era la norma dentro de las publicaciones estadounidenses, resultaba simplemente impensable. Por otro lado, hablábamos de revistas de actualidad, por lo que su visión era básicamente analizar los asuntos actuales. Eso no permitía realmente tener un personaje con continuidad, y los que existían eran cómicos, pero con una profunda vena analítica.
Durante la década de los veintes, los Estados Unidos inventarían un concepto que marcaría la dirección del cómic hasta nuestros días: la industria de la historieta. Mientras esto se daba en esas latitudes, en Europa el mismo era visto como un arte. Tampoco eso no significa que sean conceptos mutuamente excluyentes. Los dibujantes y escritores en Estados Unidos intentaban que lo que ellos hacían tuviera un valor estético y narrativo, mientras que los autores europeos esperaban poder vivir de lo que publicaban. Sin embargo, el peso que le daban a cada uno de ellos era muy distinto, y la diferencia se fue marcando.
Al no existir una industria de la historieta europea, eso significó que tampoco existía la figura del editor de comics, por lo que los autores del otro lado del Atlántico se las tenían que ver con editores de revistas o de libros, que aplicaban su lógica a todas esas creaciones. Las primeras historietas publicadas de forma exclusiva eran auténticos libros, e incluso seguían el mismo formato de los mismos. El álbum aparecería años después, cuando los mismos editores se dieron cuenta que eran necesarias páginas más grandes para que las viñetas pudieran ser apreciadas en toda su magnitud.
Curiosamente, uno de los grandes estigmas que ha tenido que cargar la historieta vino de Europa, y más bien originado por la diferencia de culturas. Dado que el álbum y la revista satírica eran vistos como material adulto, las editoriales buscaron ganarse al público infantil, por lo que muchos periódicos de varios países lanzaban los fines de semana un cuadernillo con un formato muy similar al del comic-book estadounidense, pero destinado a los pequeños. De esa forma, la visión de los lectores quedó muy bien marcada: El álbum es para los adultos, el cuadernillo es para los niños. Si bien no pasó mucho tiempo antes de que surgieran los primeros álbumes infantiles, esta idea se arraigó muy profundamente, marcando lo que sería la visión del medio durante los años venideros.
Al llegar la década de los cincuentas, se dio un curioso proceso de retroalimentación, en donde la visión del cómic estadounidense comenzó a llegar con fuerza al Viejo Continente. No era éste un fenómeno nuevo, pues incluso desde los treintas ya circulaban varias publicaciones en formatos, si no idénticos la cómic americano, cuando menos muy similares. De hecho, el los años veintes España fue la predecesoras del cuadernillo de historietas, con revistas como Pulgarcito y TBO, que incluso se adelantaron a las revistas de los Estados Unidos, aunque su formato tendía más al tabloide, y estaba orientada al público infantil, siguiendo la misma lógica que antes habíamos apuntado. Fue tanta la influencia que tuvieron estas revistas, que incluso hasta la fecha, a las historietas se les conoce como tebeos en toda la zona ibérica.
Un aspecto curioso, y que nos demuestra también como Europa siempre ha estado a la vanguardia, fue la forma en que fueron recibidos los comics estadounidenses en la zona franco-belga: dado que se les consideró inapropiados para los niños, simplemente se agrupaban en grupos de cuatro a cinco ejemplares juntos y, aumentando el tamaño del formato, se publicaban en forma de álbumes, por lo que en cierta forma vinieron a crear el concepto del TPB mucho antes de que fuera una práctica común del otro lado del Atlántico.
Otra consecuencia de esta visión, fue que los autores eran más libres al momento de escoger sus temáticas. Mientras los Estados Unidos luchaban por el Comic Code, y los padres de familia se escandalizaban al descubrir un cómic, en Europa surgían álbumes históricos, westerns, de ciencia ficción, y mil y una temáticas distintas, que la hicieron mucho más ricas que lo que se ofrecía en otros países.
En la actualidad, Europa ha sabido integrarse con gracia a las nuevas corrientes, e incluso ha tenido un peso enorme dentro de las nuevas corrientes. De hecho, fueron autores como Alan Moore y Grant Morrison los que vinieron a inyectarle al cómic de superhéroes un nuevo brío, transformándolo totalmente.
Una de las grandes ventajas que tienes si deseas acercarte al cómic europeo, es que se trata de obras mucho más atemporales que el cómic estadounidense. Una vuelta a cualquier librería te permitirá encontrar varios álbumes del Teniente Blueberry, Tintín o Asterix. Por otro lado, al no ser seriados, le permite al lector primerizo sumergirse sin problemas dentro de la historia, además de que son lo suficientemente profundas para hacerte reflexionar durante días. Si te sientes ya aburrido de ver capas y mallas, o los ojos enormes ya lograron saturar un poco tus sentidos, ten por seguro que del otro lado del océano encontrarás muchas cosas para saciar tu apetito por las viñetas.
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Gustavo Benumea, en Sigue apareciéndose la Caseta Fantasmahace unos meses vi una película animada con esa trama. era realmente buena y me gusto mucho pero no le cogí el no …
luis, en Nuevas fotos de Kick-AssHola Maggie, me gustaria que tal vez intentaras descargar la pelicula de las ligas que se colocaron en la pagina y …
Ver todos los comentariosno mansex muy bnas imagenes de verdad amigo
Comiquero en la Comic-Con 2008
Comiquero en la Comic-Con 2007
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