Reseña: Action Comics Annual No.12 (DC Comics)
Jueves, Julio 02 2009 Por: Legion
Escritor: Greg Rucka; Arte: Pere Pérez; Portada: Renato GUEDES.
Greg Rucka ha ofrecido en las páginas de Action Comics una lectura dinámica, cargada de acción, maquinaciones perversas y un villano lo suficientemente torcido como para justificar la compra de esta serie. Lo que nos faltaba era un origen para los protagonistas de la historia, y en este especial, al fin lo tenemos.
Nitghwing y Flamebird son dos héroes legendarios en la historia de Kriptón. A lo largo y ancho de las eras en dicho mundo, ambos han surgido en momentos de necesidad, y perecido en medio de la tragedia. Ahora es tiempo de que el ciclo comience otra vez con los nuevos defensores del planeta Tierra; Christopher (el hijo adoptivo de Superman) y Thara (la líder de las fuerzas de seguridad en Kandor). ¿Quiénes son en realidad? ¿Qué los une? ¿Dónde culminarán sus aventuras?
Greg Rucka me parece uno de los mejores talentos que tiene la industria por estos días (gracias a la increíble serie de espías que nos otorgó en las páginas de Queen & Country, y parcialmente debido a otras producciones, como Checkmate y Gotham Central), muy a pesar de que Action Comics (que ha resultado divertido) no alcanza los niveles de sus más célebres obras.
Este anual sin embargo, encamina la publicación por el curso debido. Tenemos muchas revelaciones importantes respecto al pasado de los protagonistas y la cultura kriptoniana; de hecho, el misticismo con que envuelve Rucka el mundo religioso de Kriptón, es uno de los elementos más agradables que he visto que se le añada al trasfondo de este planeta ficticio, desde que John Byrne abandonara las páginas de Superman.
Aparte de los importantes datos que nos ofrece Rucka, hay un montón de acción en este anual, su historia toma un aire más intrigante, y lo mejor, se presenta una caracterización agradable, acompañada de excelentes diálogos.
Hay varios puntos dignos de una ardua crítica en cuanto al manejo del escritor se refiere. Señalaría que aparte de que este anual tiene momentos en los que la trama se siente apresurada, falló en explicar de una manera convincente la maduración por la que pasó Chris y que le hizo dejar de ser un niño. Cuando conocimos a Chris, éste tenía aproximadamente ocho años y ahora, parece un hombre en sus veinticuatro. La explicación se siente forzada y su falta de coherencia se suma a una serie de coincidencias que hacen demasiado increíble este relato.
El arte, a pesar de entregar un par de hermosos recuadros, es muy simplón. Pere Pérez es un dibujante que tiene buena madera y con el tiempo, no dudo que llegue a sembrar fama, pero de momento necesita echarle más ganas a la composición de sus trazos, que tienen un agradable aire a publicación indy, mas no están al nivel de otros ex colaboradores de Rucka, como Eddy Barrows, que nos deleitó hasta hace poco en las páginas de Action Comics. Aun con sus defectos, Pérez brinda suficiente calidad como para gozar de la lectura.
Tal como describió Geoff Johns en las páginas de Action Comics No.867, la ciudad de Kandor fue secuestrada por las fuerzas de Brainiac, en lo que resultó una masacre de proporciones épicas y donde murieron los padres de Thara frente a sus ojos. La pareja formaba parte del escuadrón de fuerzas militares elite en Kriptón, llamado Black Zero, y la escena de su muerte nos brinda la verdad detrás de la historia que comparte Thara con Ursa, la madre biológica de Christopher (escena que por cierto, es muy divertida).
En posterior se nos detalla la dura existencia que tuvieron que llevar los pobladores de Kandor tras su secuestro, así como la adopción de Thara a manos de los padres de Supergirl, también secuestrados y retenidos en el interior de Kandor.
Las siguientes escenas nos narran la existencia de Chirstopher después de que sacrificara su felicidad al lado de sus padres adoptivos, Superman y Lois Lane. Christopher abandonó a sus nuevos padres para evitar que Zod y sus criminales kriptonianos escaparan de nuevo a la Tierra desde su prisión en la Zona Fantasma. La prisión es más que una colección de fríos barrotes de hierro; es un limbo donde la noción del tiempo y el espacio no existen, y casi todos sus pobladores sólo pretenden saciar sus sádicos instintos en la piel del pequeño Chris.
El único ser que muestra compasión a Christopher, es el alguna vez brillante científico llamado Non. Ahora reducido a un mero imbécil gracias a la arbitrariedad de la justicia kriptoniana, Non oculta a Chirstopher durante algún tiempo de la ira de los demás pobladores. Es en este periodo de tiempo es donde el cuerpo de Chris madura involuntariamente a la forma adulta que tiene ahora, debido a la misteriosa naturaleza de la Phantom Zone.
De vuelta en Kandor, Thara es asaltada durante sus sueños por la aparición de una colosal ave de fuego. Gracias al apoyo de sus padres adoptivos, Thara es líder de las fuerzas de seguridad de Kandor y éstos, buscando aplacar sus noches en vela, dirigen su mirada hacia el templo donde encontrará su destino. Los kriptonianos tienen una religión monoteísta, donde el sagrado dios Rao exige a la cábala de religiosos que le sirve, limitar su interacción con el resto de la sociedad lo que propicia que los clérigos de este mundo estén envueltos en una capa de misterio. En el interior del templo, los clérigos esperaban la llegada de Thara y le comparten una visión de la majestuosa ave que ve en sueños, para momentos después ser tomada en el interior del recinto como un miembro más de la orden.
Christopher es descubierto por los prisioneros de la Phantom Zone, tras de que éste utilizara la tecnología de Brainiac con la que Zod vivió obsesionado investigando durante su encierro. Antes de enfrentar a Superman. El castigo al que es sometido Christopher es brutal, y lo único que lo mitiga, es que la tecnología de Brainiac le permitió enlazar sus pensamientos a los de una kriptoniana muy lejana a su locación. Me refiero a Thara.
Thara encuentra un medio para introducirse en la Phantom Zone y así rescatar a Chris. Durante la operación, el destino de ambos queda en manos de Non, quien los salva e impide que la historia de ambos héroes culmine aquí.
Greg Rucka ha logrado convencerme de continuar atento a su labor en Action Comics. Éste es un buen número; pudo ser excelente con un poco más de planeación, pero sin duda cubrió mis demandas más básicas y me dejó satisfecho en su conclusión. Mi calificación es un 8.5 y diría que ésta es una adquisición obligatoria para los que han disfrutado las historias de Superman, desde que Geoff Johns puso sus manos en esta franquicia.


