Reseña: The End League No.4 (Dark Horse)
Miercoles, Septiembre 10 2008 Por: Legion
Escritor: Rick Remender; Arte (hasta la página 14) y portada: Mat Broome; Arte (de la página 15 en adelante) Eric Canete.
Pues sinceramente guardaba algo de esperanzas en este título que había logrado juntar a un par de talentos nuevos y muy prometedores en la industria. Rick Remender (Night Mary, Red Sonja, Sorrow) nos entrega un refrito de lecturas que se nota disfrutó a fondo y hasta pareciera tener una idea de lo que hace, pero sinceramente su mezcolanza de personajes provenientes de las dos más grandes compañías en un ambiente que nos es demasiado familiar para aquellos que leímos obras como Earth-X y Kingdom Come, no tiene nada de especial.
Cientos de personajes saltan a escena y el escritor no hace el menor intento por describirnos su historia y todo el trasfondo que tienen en esta serie, supongo que asume que, tratándose de personajes copiados de otras series muy populares se puede ahorrar ese paso. El resultado es un montón de “clones” carentes de una verdadera identidad y sin mucha caracterización tampoco, pues parecen actores de segunda imitando a grandes estrellas.
Para empeorar las cosas los malos son “malos” por que es su papel y ya, los “buenos” están igualmente plagados de cuanto diálogo cliché puedas imaginar como “yo te salvaré” y el clásico “no me rendiré”, que hace de todo el asunto casi risible.
Aun así, me doy cuenta de que si yo fuera un adolescente (¡toco madera!) y quisiera una historia cargada de emoción, probablemente me acercaría a este título donde las peleas sin sentido contra fuerzas muy superiores son el pan nuestro de cada día. Además hay cierto encanto detrás de la combinación de personajes en un mundo tan dispar… mas fuera de ello, en serio: ¡La cosa va mal!
El arte de ambos dibujantes es alucinante y este es el único fuerte de la serie. Broome (Witchblade, Wild C.A.T.S. , Wildcats/X-Men) entrega una labor demasiado estilizada para mi gusto, mas acepto que su trabajo es sencillamente impactante. Quien de verdad se lleva las palmas a mi parecer es Eric Canete (Iron-Man: Enter The Mandarin), no tan estilizado y alucinantemente descriptivo, con trazos muy simples y sin embargo a su vez muy “dinámico”.
Al morir Astonishman (el Superman de este mundo) encargó a Divinity (la versión de Wonder Woman que nos da el escritor) no tomar el mazo de Thor una vez que quede abandonado. Siendo así Divinity regresa al Olimpo donde todavía duda sobre la razón para tal mandato por parte de su difunto amor, hasta que su padre Zeus le informa que el señor infernal ha escapado de su prisión lo que le confirma a su hija lo que ha sospechado durante muchos años; Astonishman sabía de la participación de Divinity en el holocausto que destruyó al mundo civilizado (y que tiene que ver semejante conclusión con los hechos ocurridos me es un completo enigma).
The Prairie Ghost (un Ghost Rider cualquiera) se lanzó a completar una misión suicida en el número anterior, ir al territorio enemigo, plagado de seres inmensamente poderosos y psicóticos para regresar con un curandero que atendiera las heridas de la velocista del grupo llamada Blur. Esta última se encuentra en compañía de Soldier American (el Capitán América versión End League).
Tras efectuar una bonita masacre, Prairie Ghost regresa con el hombre que puede sanar las heridas de Blur más al parecer muy tarde, una entidad fantasmal llamada Scarecrow Sinister (¿gran nombre no?) ha poseído el cuerpo de Soldier American quien se encuentra apuñalando a una indefensa Blur para después hacer algo peor con su cadáver.
Soldier American parece tener un pasado enlazado al de Scarecrow Sinister, más sin entrar en muchos detalles al respecto el cuerpo poseído del héroe entra en combate con Prairie Ghost. Este último parece ser dueño de la situación hasta que Sinister toma control de su cuerpo y le obliga a empalar a Soldier American.
Mientras tanto los héroes restantes (entre los que se incluye un vulgar clon de Spider-Man... como si dicho personaje no sufriera ya de tanta clonación) son capturados por un grupo que se hace llamar The Union.
Pues miren, si tuviera que escoger entre leer este cómic una vez más o contagiarme de lepra… súbitamente la enfermedad no parece tan mala. El arte es una cosa increíble en verdad. ¿Pero quién dijo que sólo de arte vive un comiquero? Quiero pensar que podría ser peor, pero cuando lo hago me resulta difícil comparar la trama con otra opción así de mala.
En resumidas cuentas, quizás este sea un cómic para sus hijos si es que no tienen problemas con el exceso de violencia y la sexualidad implícita en los diálogos entre personajes cada dos páginas… en cuyo caso hagan lo que yo y quémenlo. Amigo adolescente: ¡Ni lo pienses! Quizás es hora de que leas algo más sustancioso a nivel literario, como el Semanario de Traileros. ¡Todo un desafío intelectual sin lugar a dudas!


