Reseña: X-Men Legacy No.225 (Marvel)
Viernes, Julio 10 2009 Por: Legion
Escritor: Mike Carey; Arte: Phil Briones; Portada(s): Daniel Acuña y Adriana Melo.
Charles Xavier (mejor conocido como The Professor X) se dirige rumbo al final de su travesía, y para concluir su viaje, piensa destruir a los Acolytes –los alguna vez fanáticos seguidores de Magneto y radicales defensores de la causa mutante–. Para hacerlo, deberá atravesar todas sus defensas, enfrentar a cada uno de sus miembros y acabarlos con su más poderosa arma, y ésta no se trata de una mortal herramienta mecánica, los invencibles X-Men o siquiera, de algo que repercuta en una amenaza física; es una idea, y con ella, muy probablemente los Acolytes encuentren su fin. ¿Intrigados? Deberían. Con esta historia, el escritor Mike Carey cierra el círculo que inició hace un año con esta publicación y lo hace excelsamente.
La típica conclusión de una saga, consiste en un monumental enfrentamiento entre el protagonista y sus múltiples antagonistas. X-Men Legacy no presenta un final diferente en dichos términos –¡ciertamente hay un combate final!–; la innovación fueron los términos de la batalla. Xavier tiene una idea lo suficientemente poderosa para derribar a un enemigo, que si se caracteriza por algo, es la lealtad que tiene a su propia causa. ¿No es eso un concepto divertido? ¿Cómo contrariar a alguien que ha vivido siglos aferrado a sus conceptos?
Mike Carey no ha hecho de X-Men Legacy una gran publicación; el cómic fue aburridísimo a ratos y en ocasiones me encontraba preguntándome cómo era posible dedicar toda una serie a Xavier. Sin embargo, Carey también ha mostrado un excelente dominio de todo aquello que representa Xavier y en esta trama lo expone de una manera brillante.
Xavier usa sus poderes de una manera que estamos poco acostumbrados a ver. Es el telépata más poderoso del planeta, pero en las historias de los X- Men, sólo vemos que use sus habilidades para dirigir las frases más cursis posibles a las mentes de sus pupilos. Aquí lo vemos desatado en plena fuerza, y lo mejor es que aunque sabemos que es muy capaz de dejar catatónicos de por vida a los Acolytes, el personaje opta por una vía mucho más interesante, logrando ser fiel a la imagen de este actor que bien sabemos, su finalidad siempre ha sido la paz.

Además, los antagonistas brillan. Han pasado los años y nunca he visto a Exodus como el gran villano. Se supone que es un mutante muy poderoso con siglos de existencia y que es un hombre aferrado a sus ideales con todo lo necesario para dirigir a los Acolytes. Carey no logra pintarme a un Exodus amenazante, pero sí lo hace más interesante de lo que he visto antes, en tanto nos muestra la fuerza de su autodeterminación. Los demás personajes que aparecen en este número tienen una muy breve participación, pero al menos sus diálogos no fueron tan estúpidos como los que se les suele atribuir a personajes con poco desarrollo.
Los puntos en contra están primeramente en los clichés. Hasta el momento, todas y cada una de las historias de X-Men Legacy incluyen a Xavier enfrentado al antagonista, para después introducirse en la mente del villano en compañía del mismísimo rival. En este punto, eso ya dejó de ser un fastidio y se volvió desesperante, pero no dudo que mis palabras hacen referencia a una observación personal y la mayoría no encuentren esa clase de desarrollo estresante.
Mi verdadera queja es ésta: ¿Qué importa? Si Xavier convence o no a los Acolytes de dejar atrás sus planes, carece de sentido, pues a final de cuentas sabemos que tarde o temprano la mayoría (si no es que todos) volverán a ser villanos. ¿Que algunos de ellos se unirán a los X-Men? Para estos momentos, virtualmente no hay enemigo de los X-Men que no haya formado parte de ellos; ¡Hasta Random fue miembro de X-Factor por un tiempo!
Finalmente, por más interesantes que son los diálogos, es el lenguaje que caracteriza a Xavier lo que me resulta agobiante. Es demasiado plástico, carente de personalidad, casi como si estuviera leyendo sus propios pensamientos. Siento que cuando crearon a Xavier, alguien buscó cómo conciliar los discursos de Martin Luther King con la personalidad de Ghandi dentro un súper héroe, y el resultado es uno muy bizarro la mayor parte del tiempo.
¿Qué hay del arte? Phil Briones no es un dibujante estelar, y con varios tropiezos en sus trazos todavía está lejos de llegar a serlo, pero eso no le evita entregar un resultado bellísimo. Hay muy buenas escenas, e inclusive algunas son tan detalladas y emblemáticas, que es fácil olvidar sus errores.
Comenzamos nuestra historia explorando uno de los sueños de Amelia, una de los miembros de los Acolytes. En su sueño, Amelia se encuentra en un hospital montado en medio de la empobrecida Tripoli (capital de Libia), cuando es visitada por Charles Xavier, quien le avisa en medio de su ensoñación que está dirigiéndose rumbo a los cuarteles de los Acolytes para destruirlos finalmente.
Cuando Amelia se levanta, se percata que el resto de los Acolytes tuvieron experiencias similares y se están reuniendo para enfrentar a Xavier, quien ya se encuentra frente a las puertas de su bastión.
Xavier atraviesa todas las defensas de la instalación sin problemas y cuando los Acolytes saltan a confrontarlo, descubren que en sueños Xavier ya ha dejado sugestiones hipnóticas para que realicen las acciones que él desea, obligándolos a enfrentarse los unos a los otros.
Xavier llega hasta su líder, el mortal Exodus. Exodus (Bennet Du Parris) está listo para presentar combate, pero Xavier le propone una alternativa: caminar y charlar sobre la perspectiva que guarda el Profesor X, al respecto del futuro de la raza mutante.
Xavier le muestra a Exodus una gran variedad de imágenes donde los X-Men combaten a varias agrupaciones mutantes adversas a los ideales de Xavier. Mientras Exodus percibe la exposición de imágenes, Xavier le planeta la realidad en la que viven ahora los mutantes.
Tras el llamado M Day el-primero-de-los-grandes-cambios/, la raza mutante quedó reducida a sólo un puñado de individuos después de haber llegado a ser un millón o más. Para Xavier, en el pasado, la discusión ideológica entre libertad absoluta para los mutantes y convivencia con la humanidad, era posible gracias a los altos números que había entre los miembros de la especie mutante. Actualmente, los mutantes se encuentran al borde de la extinción y el que los X-Men y los Acolytes se encuentren en constante conflicto, no solo evita que confronten los grandes retos presentes unificados, sino que además, la naturaleza de la guerra que sostienen ambos grupos casi culminó con la muerte de la única esperanza para la especie, el último mutante en nacer y que fue el eje central del combate presentado en las páginas de Messiah Complex.
Xavier abandona a los Acolytes a que ponderen sus opciones. La mitad de los miembros decide unirse a los X-Men, mientras que la otra parte se mantiene firme en sus propósitos. Exodus decide emprender una peregrinación en busca de respuestas, y en la culminación de la historia, Norman Osborn se presenta con una propuesta que tendrá repercusiones en X-Men/Dark Avengers Utopia.
En conclusión, este número me agradó mucho a pesar de sus fallas. Me hubiera gustado ver a un Xavier más emocional, contrario a la máquina parlante que nos relata Mike Carey, pero eso no quita que el escritor tuvo una fantástica idea que sorprendentemente, resultó emocionante. Mi nota es un 8.5; estoy tentado a concederle más, pero por otro lado, pienso en las marcadas fallas y me cuestiono si estoy exagerando en la nota.


