Comiquero

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El “elitismo” comiquero y usted

Friday, May 16 2008 Por: Alejandro

Hoy, quisiera hablar de un tema que ya ha sido abordado tanto por Héctor como por un servidor anteriormente, aunque no del modo en que hoy quisiera abordarlo: Hoy quiero hablar de ese malvado “elitismo” que abunda en todos los ámbitos de la vida comiquera y que impide que los oh-tan-geniales “nuevos valores” tengan su tan merecida oportunidad para “brillar”

Hola, bienvenidos nuevamente a éste, su espacio, donde todos los viernes los invito a que me acompañen en súper profundísimas y muy sesudas reflexiones sobre temas directa o indirectamente relacionados con el mundo del cómic. La semana pasada hablamos acerca de cómo el lanzamiento de Final Crisis representa una apuesta riesgosa por parte DC Comics, debido a la alta probabilidad de que un final truculento ó mal ejecutado arriune este evento tan anticipado por todos, y termine por alienar a una gran parte de sus lectores. Admito que es muy loable que todavía haya gente dispuesta a conceder automáticamente el beneficio de la duda, y definitivamente las cosas son mucho mejores cuando tienes la voluntad para ver el vaso medio lleno, pero ¿No les parece que DC ya tuvo demasiadas Crisis como para querer añadir una más? En fin, el verdadero juez que determine el mérito real de Final Crisis será el tiempo mismo, así que, a esperar. No falta mucho.

Hoy, quisiera hablar de un tema que ya ha sido abordado tanto por Héctor como por un servidor anteriormente, aunque no del modo en que hoy quisiera abordarlo: Hoy quiero hablar de ese malvado “elitismo” que abunda en todos los ámbitos de la vida comiquera y que impide que los oh-tan-geniales “nuevos valores” tengan su tan merecida oportunidad para “brillar.”

Esta pose de incomprendidos que adoptan muchos dibujantes y argumentistas amateurs tiene muchos nombres. Anteriormente, yo lo llamé “Síndrome del Cómic Enano”. Héctor, en su columna Mundo Friki, lo llamó “La Táctica del Mendigo.” En realidad, ambos términos se refieren a dos facetas del mismo tema: La aparente imposibilidad de que se establezca un estándar de calidad artística en la historieta latinoamericana amateur porque, según parece, establecer estándares de calidad es la esencia del “elitismo”. Y eso, según me han dicho, es algo muy, muy malo, que solamente lo practica la gente antipática y de mal corazón que no se lava los dientes.

Cuando yo abordé el tema la vez pasada, señalé la tremenda diferencia de calidad y sofisticación artística que existe entre el cómic amateur nacional y el extranjero. Yo aseguré –y sigo asegurando- que quienes ven con desgano y cinismo el deseo de emular a quienes han logrado redefinir al Noveno Arte son el verdadero obstáculo a vencer. Cuando Héctor habló sobre el tema, él nos mostró qué absurda es la actitud de algunos creadores de cómic amateur que exigen a diestra y siniestra que alguien apoye su trabajo única y exclusivamente porque “hay que apoyar al cómic nacional”. Lo más terrible de esta “Táctica del Mendigo” es cómo pretende convertir en villanos a quienes no apoyan (voluntariamente a fuerzas) a los “nuevos valores” nacionales. Como la clásica filosofía de la Mafia hollywoodense: “O estás con nosotros, o estás frito”. En ambas instancias, la raíz del problema parece ser un problema de mala actitud ocasionada por una falsa percepción de cómo funcionan las cosas. Sin embargo, para no hablar una vez más de esa actitud nefasta que tanto hemos discutido, esta vez quisiera hablar de nuestra actitud, de la actitud de quienes se oponen a la proliferación de arte secuencial malhecho. ¿Es realmente válida esta forma de pensar?

Como diría Bill Clinton: “Eso depende de tu definición de elitismo”

La idea de ser excluido de un grupo (incluso de uno al que no queríamos unirnos inicialmente) es devastadora para algunas personas. “Ellos no pueden negarme la entrada a ese grupo” suele ser la reacción más típica en estos casos, seguida de un arrebato de indignación que, típicamente, lleva a la persona excluida a embarcarse en una cruzada contra quienes lo discriminan. Y, si la exclusión de la que hablamos se dio por motivos absurdos o arbitrarios, entonces posiblemente esa indignación sea una reacción justificada. Nuestra sociedad moderna, después de todo, está (supuestamente) basada en la idea de que todo hombre y mujer es igual a todos los demás, sin importar su raza, credo, nacionalidad, etc. En éste contexto, el elitismo es verdaderamente una práctica antisocial y contraria a los derechos humanos de una persona afectada, y por tal motivo debe ser repudiado.

Sin embargo, la lucha por los derechos civiles de un grupo social perseguido (una minoría racial, inmigrantes ilegales, la comunidad gay) es muy diferente a la lucha por el “derecho” de producir un cómic de dudosa calidad. La revolución de los mediocres no parece una causa igual de meritoria.

Darle la espalda a quienes no muestran el deseo de innovar o de proponer una visión interesante efectivamente puede ser visto como un acto elitista, pero entonces habría que remitirnos al significado de esa palabra tan socorrida. El elitismo, según la Real Academia Española, es un sistema que favorece la aparición o el desarrollo de élites, y en el estado tan precario de nuestra incipiente industria comiquera (¡incipiente todavía, después de tantos años!), honestamente nos caería muy bien la creación de una élite de creadores de historieta que consiguieran por fin dar el paso evolutivo al siguiente nivel de desarrollo historietístico. Aquí cabe aclarar que hay una gran diferencia entre una élite de talentosos y una camarilla de vacas sagradas que le imponen su voluntad a todo el mundo. La diferencia es simple pero innegable: El medio artístico, pese a lo que digan los empresarios del ramo, es una meritocracia. El talento, el deseo de revolucionar el medio en el que se desempeñan, así como su capacidad para inspirar a otros a seguir su ejemplo y sobresalir, son la marca de un artista de élite. En éste caso, buscar de la creación de una élite no es un atentado contra los derechos humanos de nadie, y quien así lo crea no ha entendido realmente en qué consisten sus derechos como persona.

“Elitismo” es una palabra con muchas acepciones, y aunque puede ser una excusa conveniente que ha salvado a muchos de sufrir un fuerte golpe en sus egos, la verdad es que esa palabra no es una panacea que siempre pueda explicar el porqué no hemos podido triunfar. Todas las élites y cábalas oligarcas del mundo no son suficientes para evitar que alguien desarrolle un talento, si es que hay empeño de por medio. Solo existe un verdadero patán que represente un verdadero obstáculo para estos pobres incomprendidos (No, no me refiero a mí). Me refiero a ese alguien que siempre les cerrará las puertas y les impedirá figurar en el medio que elijan. Este esnob, este antipático individuo es alguien que ustedes tienen muy a la mano, mis queridas víctimas del “elitismo”. Ustedes lo tienen enfrente cada vez que se miran en un espejo.

Hasta la próxima

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