Como alguna vez hizo mención Alejandro en otra columna, existe en toda la literatura fantástica – cómic incluido – una suspensión de la incredulidad, que permite que una gran cantidad de cosas imposibles ocurran con toda naturalidad, y que realmente nunca nos cuestionemos el porque se dan. Puede ser tan sencillo como el que una capa pueda ondear sin que impida la libre movilidad de un personaje, hasta que se puedan golpear las paredes de la realidad para alterarla un poco.
Sin embargo, todas esas libertades tienen como fin el permitir que la historia se desarrolle de forma fluida, y que el lector pueda realmente compenetrarse con la trama sin necesidad de cuestionarse demasiado. Pero en otros casos, encontramos algunos detalles que son usualmente mínimos, demasiado sutiles, o cuando menos hasta que reparamos en ellos, que en realidad no son resultado de esta flexibilidad, sino simplemente por errores o pereza de los creativos, o porque se han hecho así desde siempre, y nadie se había detenido a cuestionarlo. En esta ocasión nos sumergiremos un poco en esos pequeños detalles, y nos daremos a la tarea de intentar entenderlos.
Como alguna vez hizo mención Alejandro en otra columna, existe en toda la literatura fantástica – cómic incluido – una suspensión de la incredulidad, que permite que una gran cantidad de cosas imposibles ocurran con toda naturalidad, y que realmente nunca nos cuestionemos el porque se dan. Puede ser tan sencillo como el que una capa pueda ondear sin que impida la libre movilidad de un personaje, hasta que se puedan golpear las paredes de la realidad para alterarla un poco.
Sin embargo, todas esas libertades tienen como fin el permitir que la historia se desarrolle de forma fluida, y que el lector pueda realmente compenetrarse con la trama sin necesidad de cuestionarse demasiado. Pero en otros casos, encontramos algunos detalles que son usualmente mínimos, demasiado sutiles, o cuando menos hasta que reparamos en ellos, que en realidad no son resultado de esta flexibilidad, sino simplemente por errores o pereza de los creativos, o porque se han hecho así desde siempre, y nadie se había detenido a cuestionarlo. En esta ocasión nos sumergiremos un poco en esos pequeños detalles, y nos daremos a la tarea de intentar entenderlos.
Los anteojos de Clark Kent: En la vida real, todos sabemos que, para que un antifaz realmente oculte la identidad de alguien, debe de ser amplio y no muy plano, de modo que oculte la conformación del rostro. Antifaces algo más estrechos, como los de Linterna Verde o Robin, pueden confundir a una persona en un primer momento o si sólo se le puede ver de forma rápida. Unos lentes sólo son útiles si son obscuros, y solamente funcionan para la visión casual. Si uno encara a una persona, es inmediatamente reconocible, y más si se le conoce bien. En la Edad de Plata, Lois Lane, Jimmy Olsen, y muchos personajes más, convivían en forma regular con los dos, y nadie parecía darse cuenta de nada. Fue hasta John Byrne que intentó darle algo más de justificación, al grado de hacerlo creíble, pero aún así, sigue siendo uno de los elementos más difíciles de asimilar dentro del Universo DC.
Los disparadores del Hombre Araña: Hemos tenido oportunidad de ver que, dentro del universo de los comics, las leyes de la física son mucho más flexibles que en nuestro mundo, pero cuando se va a hacer algo así, cuando menos se toman la molestia de explicarlo. Cualquiera que haya seguido al Hombre Araña, recordará que sus disparadores eran gruesos brazaletes que cubrían la mitad de su antebrazo, y que sobresalían poco más de dos centímetros de la superficie de la muñeca. Sin embargo, en el momento en que se ponía los guantes, se volvían lo suficientemente planos como para volverse completamente imperceptibles. Incluso, cuando en la década de los ochentas surgió la corriente de dibujantes enamorados de los detalles anatómicos, nos podíamos encontrar a más de uno que marcaba los tendones de las muñecas o los músculos del antebrazo al tensarse, mientras que de los disparadores, bien gracias. De hecho, el traje del Arácnido era un verdadero milagro en ese sentido, pues incluso el cinturón en donde llevaba la lámpara y los cartuchos de repuesto era tremendamente voluminoso, pero que también desaparecía en el momento en que lo cubría. De hecho, el que en la película la telaraña fuera interna, fue para evitar ese problema de producción, y cuando Peter las internalizo en el cómic, eliminó también uno de los grandes problemas en ese sentido.
La máscara de Steel: Si bien John Henry Irons ha alterado su armadura en multitud de ocasiones, agregando nuevos elementos y haciéndola mucho más eficaz, es usual que en todas ellas lo veamos forgando una máscara rígida, usualmente de una sola pieza. Sin embargo, en más de una ocasión lo hemos visto gesticular sin problemas, incluso fruncir el ceño, algo que incluso si tuviera una máscara articulada sería totalmente inútil. Aquí, la única explicación es puramente visual: Dado que es una máscara realmente, y no un casco como en armaduras como la del Hombre de Hierro, uno presupone que la misma debe de reaccionar con las expresiones del usuario, y lo único que los dibujantes hacen es reflejar esa misma percepción, e incluso es muy probable que ellos mismos caigan en la misma trampa perceptiva. En la película en acción viva, de muy triste memoria, resolvieron ese problema eliminando la parte inferior de la misma, permitiendo que la gesticulación fuera visible.
Norman Osborn y el Duende Verde: Durante mucho tiempo, los lectores del Hombre Araña tuvieron la enorme incógnita de quién era realmente el Duende Verde, pues cuando no llevaba la máscara aparecía fuera de cuadro, o entre sombras. Durante ese mismo tiempo, habíamos podido ver a Norman Osborn con cierta regularidad, y a ningún lector se le pasaba por la cabeza que los dos pudieran ser el mismo. El industrial, como todos sabemos, es un hombre robusto y fornido, con una cara amplia y de quijada firme y cuadrada. El Duende Verde, por el contrario, si bien se veía fornido, era de complexión delgada, y en especial su cara era fina y alargada. Por ello, cuando descubrimos que eran la misma persona, no pudimos dejar de sorprendernos: No podía tratarse de constituciones más opuestas una a la otra. Algo que siempre resultaba curioso es que, cuando Norman estaba usando el traje, pero no estaba enmascarado, se veía robusto, pero al momento de ponerse la máscara cambiaba totalmente. Por otro lado, en más de una ocasión vimos que ésta era de látex o alguna substancia flexible, por lo que no había forma posible de que, puesta sobre una mandíbula ancha, se volviera fina y alargada. Sin embargo, hasta ahora nadie ha hecho absolutamente nada por corregir esta notable diferencia.
Las espadas samurai: Incluso dentro de la vida real, las katanas tiene fama de ser una de las armas blancas mejor hechas y más trabajadas, e incluso se cuenta que si uno deja caer un pañuelo de seda sobre el filo, éste se divide a la mitad. Sin embargo, dentro del anime y el manga, y un poco dentro del cómic occidental, estas armas adquieren ciertas características increíbles. Un arma de este tipo puede cortar prácticamente cualquier objeto como rifles, tuberías, bambú, columnas de concreto, pero nunca otra arma. Si nos damos cuenta, incluso bos de madera pueden detener un golpe… A veces, pues esa resistencia depende de la necesidad narrativa. Curiosamente, una katana no puede cortar a otra, excepto en el golpe final de una batalla especialmente dramática, y en ese caso, no la parte, sino que hace que se desquebraje en varios pedazos. Hasta donde se sabe, sólo hay una forma que una katana corte limpiamente a otra. Que el poseedor de la misma tenga un hijo que pueda encontrar el arma rota y jurar sobre ella. Como un dato extra, una katana así reparada será mucho más fuerte, incluso tras del daño.
Estos son sólo algunos pequeños botones de muestra, pues podríamos mencionar muchísimos otros, como el porqué los personajes del futuro, incluso siendo admiradores del sujeto al que visitan, se sorprendan por lo que ocurre alrededor de ellos, o como nadie desenmascara a los héroes una vez que están inconscientes. Pero como dijimos al principio, existen alguna serie de detalles que solemos pasar por alto, ya sea porque no afectan gran cosa la narración, o porque ha sido así por tanto tiempo, que a nadie se le ocurriría siquiera intentar cambiarlo. Lo que sí es cierto es que, ya sea que se hayan corregido o no, todas esas circunstancias son preguntas del medio que nunca fueron respondidas, y que es muy probable que, en el futuro, nadie lo vaya a hacer.
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Je je....sip, si spidermán fuera realmente arácnido, su telaraña lo lanzaría por su trasero....juas juas.
Lo peor de todo, es que estas en lo cierto. Quizá no exactamente de donde estamos pensando, pero las glándulas estarían tan cerca, que aún así sería un espectáculo grotesco.
GABRIEL, en Ahora puedes jugar Dragon Ball onlinedibujos de manga pero cristiamos
daniel, en Ya se puede tener una mirada anime realAYUDA NO SE DONDE JUGALO MI MAIL
Ver todos los comentarioshhhm nose
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