Cintia Bolio: la caricatura como voz no oficial de la historia
Cintia Bolio es una monera e ilustradora mexicana nacida en la Ciudad de México el 18 de agosto de 1969. Su formación en el oficio ha sido completamente autodidacta, y a lo largo de su trayectoria ha convertido el cartón político y la historieta en un espacio de crítica constante. Su trabajo ha abordado temas como la política, la religión, el machismo masculino y femenino, la soledad, la sexualidad, la ciencia ficción, el poder, la muerte e incluso el fútbol soccer.
Una conversación con lectores
En mayo de 2008, Cintia Bolio participó en un chat con lectores interesados en cómics, manga y animación. La conversación, moderada por los organizadores, permitió conocer de cerca su perspectiva sobre el oficio de monera en México, las dificultades del medio y el papel de la caricatura política.
Durante el encuentro, Bolio describió la naturaleza del cartón político como combativa. Al responder a una cita de Rius sobre la relación entre monero e izquierda, señaló que la función de la caricatura es criticar, sea el gobierno de izquierda o de derecha. Mencionó también que en el contexto mexicano no abundan los gobiernos de izquierda, y que su trabajo no exime de crítica a figuras o corrientes que se identifican con ese espectro.
Ser monera en México
Consultada sobre la dificultad de dedicarse a la caricatura en México, Bolio respondió que es un camino difícil para todos, y que resulta peor cuando quien lo ejerce es mujer. Aclaró que esa dificultad no es exclusiva de la profesión. Sobre el machismo del entorno, consideró que su trabajo ha caído mejor que mal entre el público lector.
Respecto a lo que se necesita para consolidarse como monera, subrayó la perseverancia llevada hasta el punto de la necedad. Señaló que los espacios no son muchos y que el tiempo para establecerse en el rubro político puede superar los diez años.
Reconocimiento internacional
Bolio contó que la ONU la invitó directamente a participar en el movimiento Cartooning for Peace, también conocido como Moneros por la Paz. Relató que la convocatoria buscaba presencia de los cinco continentes y que faltaba representación de Latinoamérica; se pedía que fuera una mujer. El movimiento arrancó en octubre de 2006 con una primera exposición y continuó con seminarios y muestras en distintas partes del mundo, sobre todo en Europa. Para ella, significó una sorpresa y un reconocimiento agradecible a su trabajo.
Su obra también ha formado parte de exposiciones colectivas y proyectos vinculados a derechos humanos, igualdad y creación femenina, además de libros compilatorios y de estudio sobre caricatura política e historieta.
Influencias y estilo
Entre sus moneros favoritos mencionó a Rius, Helioflores y Naranjo, y sumó a El Fisgón. Como influencias citó, en desorden, a Quino, Goscinny y Uderzo, Dave Cooper, Giménez y José Muñoz, entre muchos otros. Sobre el eterno debate entre la idea y el dibujo, se inclinó por la idea, sin dejar de esforzarse por un estilo propio, y recordó una frase de Fontanarrosa: un mal dibujo puede salvar una buena idea, pero una mala idea jamás podrá salvar un buen dibujo.
Su estilo es lineal, directo y expresivo, con rasgos exagerados pero precisos en cuanto a su mensaje. En la historieta se permite mayor libertad, pues no ha creado un personaje fijo y tiende a contar historias individuales con mensajes directos.
Publicaciones y oficio
A lo largo de su carrera ha colaborado en periódicos como El Centro, La Jornada, Milenio diario, Milenio diario de Monterrey y Uno más uno, así como en revistas y proyectos editoriales. Su trabajo puede verse en la revista El Chamuco y en el periódico SDP. En internet ha publicado en Puras Evas, El Chamuco y Cartonclub.
En la conversación con lectores, Bolio reflexionó sobre la censura como instrumento de control y sobre internet como espacio libre. Definió la caricatura como vocera de quienes no tienen medios para hacer oír su voz y como la versión no oficial de la historia. Para quienes empiezan, recomendó tocar puertas, buscar espacios en la red y autopublicarse, sin dejar de lado la crítica y la perseverancia.