Karmatrón y el regreso anunciado en 2008: crónica de un chat con Oscar González Loyo
El 1 de febrero de 2008, un chat reunió a lectores y curiosos con Oscar González Loyo para hablar del regreso de Karmatrón. La conversación, organizada en torno al cómic y la animación, tuvo como eje central el anuncio del relanzamiento de la serie y sirvió también para repasar planes editoriales, formatos y expectativas de distribución. La transcripción conserva el tono cercano de un encuentro entre autor y fans, con preguntas que iban de lo técnico a lo afectivo.
Un anuncio con fecha y formato
Durante el chat se confirmó que el lanzamiento sería el 16 de febrero. La publicación tendría periodicidad mensual, con 32 páginas y tamaño estándar norteamericano. El precio anunciado entonces, en 2008, era de 25 pesos. González Loyo explicó que la primera etapa se distribuiría en tiendas de cómics, promotores, locales cerrados y venta directa, y que una segunda etapa, un año después, contemplaría también a los voceadores. El tiraje inicial anunciado fue de 10.000 ejemplares.
El autor justificó el cambio de ritmo respecto a la llamada Era Clásica: mientras aquella se hacía semanalmente y, según sus palabras, "al vapor", la nueva etapa apostaría por dar más calidad al dibujo. También mencionó que la historia estaría corregida y aumentada, con situaciones que no aparecieron en la serie antigua y con una psicología de personajes evolucionada, pero conservando su esencia.
Contenido, continuidad y otros proyectos
Los asistentes preguntaron si la publicación sería continua o si se limitaría a un número. La respuesta fue que sería mensual, el día 16 de cada mes, y que los cinco números anteriores ya existían. Se habló de integrar tramas y personajes de apoyo con mayor desarrollo, así como de historias alternas donde participarían los Ka-boomes y colegas. Entre los proyectos mencionados aparecieron K'AZ IN VOL, con la participación de los K's e invitados, y Némesis 3000, aunque se aclaró que primero se buscaba consolidar Karmatrón.
Sobre la posibilidad de recopilaciones futuras, González Loyo respondió afirmativamente: reunir los ejemplares individuales en tomos era una de las metas como editorial. También se abordó la comparación con series de temática esotérica como Avatar. El autor restó importancia a las comparaciones y subrayó que lo importante era transmitir el código y que la evolución del público comprendiera que se trataba de algo diferente.
Distribución, lectores y apoyo de los fans
Una parte del chat giró en torno a las cifras y a la viabilidad comercial. Se mencionó que Comicastle había sido un apoyo central en los últimos años y que con esa tienda se vendía más que con voceadores, debido a problemas de distribución. González Loyo defendió la apuesta por un público cautivo y por captar nuevos lectores, y señaló que en la actualidad existen más medios que en la Era Clásica, incluido internet. En ese marco se anunció RadioCómics, un proyecto por internet y radio abierta, realizado con actores de doblaje como Carlos Segundo y Javier Rivero, y vinculado a Cuántica Radio. También se habló de audiocómics y de la posibilidad de una convención, aunque sin lugar confirmado; se mencionó el WTC de la Ciudad de México como una de las opciones.
Memorabilia y proyección internacional
Respecto al material de apoyo, se citaron el Manual del Guerrero Kundalini (tomo 1), un fólder coleccionable de Emelkin y chocolates conmemorativos; se anticiparon pulseras, playeras y gorras. Sobre figuras de colección, se dijo que había planes y contactos, pero que primero había que hacer subir al personaje y, quizá, licenciarlo. En cuanto al formato americano, el autor explicó que buscaba internacionalizar el producto y cumplir con estándares de otros países. Mencionó que Karmatrón estaba siendo estudiado para película por compañías norteamericanas y que veía con interés una posible sociedad con empresas interesadas en desarrollar franquicias.
El encuentro terminó sin grandes estridencias, con agradecimientos mutuos y la sensación de que comenzaba una etapa de trabajo. La transcripción deja ver a un autor que hablaba de corazón, consciente de los riesgos y apoyado en una comunidad que, más que fans, consideraba amigos.