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Periquita, la pequeña niña del cómic

Hay personajes que nacen para ocupar un lugar discreto y terminan, con el tiempo, adueñándose del escenario. Esa es, en esencia, la historia de Periquita, una niña de papel que comenzó como acompañante ocasional y acabó convertida en el centro de una de las tiras más recordadas por varias generaciones de lectores.

De Fritzi Ritz a una nueva protagonista

Para entender cómo llegó Periquita a tener su propio espacio, conviene remontarse a los primeros años de la década de 1920. En 1922, el dibujante Ernie Bushmiller firmaba una tira titulada Fritzi Ritz, protagonizada por una atolondrada flapper y sus aventuras. Aquel era el mundo original: una joven despreocupada, con el aire de su época, que ocupaba las viñetas con un humor ligero y cotidiano.

Más de una década después, en 1933, Bushmiller decidió agregar un personaje secundario: la pequeña sobrina de la protagonista, llamada Nancy. En principio, se trataba de una incorporación más dentro de la rutina de la tira, una figura pensada para acompañar y no necesariamente para brillar con luz propia. Sin embargo, la pequeña fue ganando terreno viñeta a viñeta.

El ascenso de una niña curiosa

Poco a poco, la niña fue haciéndose del reflector. Su presencia, sencilla y directa, empezó a pesar más de lo previsto, hasta el punto de que la tira ya no podía entenderse sin ella. Ese desplazamiento de protagonismo no fue un accidente aislado, sino un proceso gradual que se consolidó con el paso de los años.

El cambio definitivo llegó en 1938, cuando la tira cambió de nombre y la pequeña sobrina se convirtió en la estrella indiscutible. Lo que había comenzado como una aparición secundaria se transformó en el eje de la serie, con la niña como centro de las situaciones y del humor.

Periquita en América Latina

Curiosamente, cuando la tira llegó a América Latina, el nombre del personaje cambió al de Periquita. Con esa denominación se hizo bastante famosa en estas latitudes, donde el personaje quedó asociado a ese nombre para los lectores de la región. Se trata de un detalle de adaptación editorial que ayuda a explicar por qué muchos recuerdan a la niña como Periquita y no con su nombre original.

Ese cambio de nombre no alteró la esencia del personaje: una niña de historieta que, con sus ocurrencias y su mirada particular del mundo, se ganó un lugar propio en el imaginario de quienes seguían las tiras en periódicos y revistas.

Una trayectoria prolongada

Bushmiller siguió dibujando la tira hasta 1982, año en que falleció a causa de un ataque cardiaco. Su vínculo con el personaje fue prácticamente de por vida: desde los primeros bocetos de Fritzi Ritz hasta la consagración de la pequeña como protagonista absoluta, el dibujante acompañó cada etapa de esa evolución.

Tras su muerte, la tira continuó apareciendo. No obstante, la frescura e ingenio que tenía en manos de su creador nunca ha podido ser igualado, según la valoración que se desprende de la propia historia del cómic. Esa observación no es un detalle menor: sugiere que el mérito de Periquita no residía únicamente en el personaje, sino en la manera en que Bushmiller lo construía día tras día.

Un legado breve pero duradero

La historia de Periquita es, en cierto modo, la historia de una apropiación silenciosa. Un personaje secundario que creció hasta desplazar a su protagonista original, una tira que cambió de nombre para reflejar esa nueva realidad y una adaptación latinoamericana que le dio una identidad distinta en el habla cotidiana de los lectores.

Para quienes siguen el cómic como objeto de estudio o como afición, el caso de Periquita ofrece varias lecciones. La primera es que los personajes secundarios pueden tener una fuerza inesperada. La segunda es que las tiras cómicas no son estructuras rígidas: cambian, se adaptan y a veces se reinventan por completo. Y la tercera es que la fama de un personaje puede viajar y transformarse al cruzar fronteras, como ocurrió con el nombre de Periquita en América Latina.

Su ascenso de personaje secundario a protagonista ejemplifica cómo una idea sencilla, sostenida con constancia y oficio, pudo convertirse en un clásico. Su trayectoria recuerda que el humor en viñetas no depende solo de un buen chiste, sino de la capacidad de construir un personaje capaz de crecer con el tiempo.